Con el pañuelo ajustado en la cabeza y la falda floreada bien planchada, la pequeña Amaia se unía ayer a sus compañeros de 'faena' frente a la Casa de la Cultura de Legutiano. Unax, Asier, Erlantz y Kimetx, todos de entre 7 y 9 años, estaban sentados en el suelo formando una 'o' y hablaban sobre uno de los bailes del repertorio que se les atragantaba un poco. «La 'Sorgin Dantza' es muy difícil y no controlamos bien los pasos», reconocían. Y es que ayer era un día especial para ellos. Se reunían con otros 700 niños y adultos en la edición número 36 del Día del Dantzari Alavés, que este año se celebraba en la localidad de Legutiano.
Alrededor de las once de la mañana, y bajo unas nubes algo amenazadoras, la plaza Ortiz de Zárate ya lucía un colorido interesante. Había que atarse bien los pañuelos a la cabeza y calzarse las abarcas correctamente para que no hiciesen daño al bailar. Incluso había tiempo para entrenar algunos pasos y comprobar el vuelo de la falda.
Hasta que trece grupos de dantzaris procedentes de Alegría, Areta, Campezo, Izarra, Murguía, Salvatierra, Vitoria y Zigoitia comenzaron a distribuirse a lo largo y ancho de la plaza para iniciar una kalejira por las calles del Carmen, Comercio y del Medio.
Algara, Eguzki-Lore, Jare, Arantzabela, Adurtza, Odón Apraiz, Haize, Urkabustaitzko Dantzariak, Jeiki, Ioar, Gastedi Zuiatarra, Oketa y Untzueta fueron los colectivos que llevaron la fiesta a Legutiano. Y entre sus componentes estaba Blanca, del grupo vitoriano Eguzki-Lore. Tiene 47 años y lleva cinco bailando. «Además de pasarlo bien, también estamos aquí para reforzar este baile y darlo a conocer porque está algo abandonado y corre el peligro de desaparecer», advertía.
Lluvia intermitente
Enseguida, ellos con sus txapelas y ellas con sus delantales ocuparon sus puestos en el centro de la localidad para iniciar el repertorio de danzas vascas en las diferentes plazas de Legutiano. A pesar de la intermitente lluvia que comenzó a caer, los dantzaris alzaron sus brazos coordinados con sus pies y bailaron, entre otras danzas, 'Agintariena', 'Jaurrieta', 'Makil Dantza', 'Saint Petit' y 'Txakolin Dantza'. Y por supuesto, la tan temida 'Sorgin Dantza'.
Algo nerviosos, Amaia, Unax, Asier, Erlantz y Kimetx cogieron los gorros rojos en forma de cono, se los pusieron sobre la cabeza y comenzaron a mover los pies al ritmo frenético de la música. Finalmente, y como cabía esperar, consiguieron arrancar un fuerte aplauso de todo el público.
Nati López de Uralde, presidenta de Arabako Dantzarien Biltzarra, tampoco faltó a la cita. Baila desde hace 16 años y el ritmo de las danzas es lo que más la atrae. «En cuanto escuchas una canción, te dan ganas de mover los pies, aunque no sepas bailarla», aseguraba.
Consideraba fundamental inculcar la afición de la danza vasca y su tradición desde pequeños: «Empiezan con ganas, aunque luego tienen una época en la que les atraen otras actividades, como el fútbol. Pero después mucha gente se reengancha y cuando uno es adulto todo esto lo vive con mucha más intensidad», explicaba.
Tras el baile, llegó la hora del descanso y la comida. Cada uno llevó su propio menú para recuperar fuerzas, ya que a partir de las cinco de la tarde continuaba la fiesta con una romería a cargo de Joxe Mendizabal.