«Cuando llamas a unos padres y les dices que su hijo de 13 años está en coma en el hospital por haber bebido alcohol, suelen reaccionar con mucha preocupación y una sorpresa colosal. Pierden la confianza en los chavales y estos no dicen ni una palabra». Santiago Mintegi, responsable de calidad de Urgencias de Pediatría del hospital de Cruces y director del Observatorio Toxicológico de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP) expone una «visión catastrofista» del futuro. «Hay cosas, como el botellón, que no se pueden consentir en una sociedad desarrollada. Si se han cambiado comportamientos con decisiones políticas, como que hace diez años se podía fumar dentro de un hospital, se podrá buscar también una solución a esto aunque sea difícil, si se invierte dinero y tiempo».
Mintegi aporta un dato demoledor: «En 2001, para ver a un chaval borracho en Urgencias había que tratar a 5.000 menores más por otros episodios, era algo raro. Ahora, en 2010, sólo a 2.000, se ha multiplicado por dos». El especialista recuerda que muchos son jóvenes «de 14 a 18 años», pero cada vez hay más «de 12 y 13 años». «Los que vemos aquí no es porque les ha sentado mal lo que han bebido, sino que han sido recogidos comatosos tirados en la calle. Y si llegan al hospital es porque no tienen más remedio. Si pudieran, pasarían la borrachera con sus amigos en la calle», sostiene.
Sufrir un accidente
El pasado fin de semana, la DYA de Bilbao trasladó al hospital de Basurto a un chico de 15 años con una intoxicación etílica severa, según informó ayer el doctor Usparitza. Con la llegada del verano y de las fiestas patronales, los casos aumentarán. «Es duro y sientes impotencia al saber que en la guardia de un sábado, verás seguro a algún chaval de estos».
Despiertan en una habitación del hospital y se ven con suero, a sus padres a un lado y un médico, y sólo recuerdan que antes estaban de fiesta bebiendo con sus amigos. El doctor Mintegi suele decirles: «Borracho y con trece años, podían haber hecho contigo lo que quisieran». «Nos han llegado chicas a las que han recogido en un charco en la carretera».
Lo peor en su opinión no es la incidencia que pueda tener una «borrachera monumental» en su salud, sino que «al perder el control pueden sufrir un accidente». Algunos padres preguntan si ha habido algo más, en referencia a si han podido ser víctimas de abusos sexuales. También ha escuchado a familiares anunciar: «Se va a enterar el que se lo ha vendido».
Generalmente, los casos se ven las tardes-noches de los viernes y los sábados, en torno a las nueve y media o diez, y «los niveles de etanol (alcohol) en sangre no son bajos sino moderados». No es raro que llegue un chico que ha ingerido «diez tequilas», o que haya mezclado alcohol y cannabis, y, en menor medida, otras drogas. El pediatra vizcaíno aconseja a los padres «hablar con sus hijos, ser un modelo para ellos».