Acuerdo sí o acuerdo no. La incertidumbre en torno al pacto entre patronal y sindicatos sobre la reforma de la negociación colectiva, que ha sido dado por casi hecho en las últimas semanas, se ha agravado en las últimas horas con las presiones internas de la patronal y tras la debacle electoral socialista. El ascenso del PP ha dado alas a los sectores empresariales que reclaman cambios más profundos que los planteados en unas conversaciones que hasta la fecha habían ido por buen camino.
Esta semana será decisiva en el capítulo sociolaboral de lo que resta de legislatura. Los secretarios generales de CC OO y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, se reúnen hoy con el máximo responsable de la CEOE, Juan Rosell, y mañana la junta directiva de la patronal fijará una posición oficial sobre la negociación. Y de forma paralela, el Congreso debe avalar este jueves el decreto del Gobierno sobre empleo sumergido, el mismo día que comenzará el debate sobre la polémica reforma de las pensiones, que ha recibido el aval sindical. Un hipotético varapalo al Ejecutivo en cualquiera de estos dos asuntos abriría las puertas a nuevas incógnitas.
Precisamente en el proceso de reforma de la Seguridad Social se incluirán los cambios en las mutuas de accidentes de trabajo, que defiende la patronal y cuya aceptación los sindicatos han condicionado a que haya un pacto en negociación colectiva. El control del absentismo laboral y una mayor capacidad de supervisión de las enfermedades comunes son nuevas competencias pactadas para estos organismos, que la patronal espera porque supondrían un importante instrumento para mejorar la productividad de las empresas.
Presiones internas
Hasta la pasada semana, parecía clara la posición de Rosell a favor de un pacto sobre los convenios, pero las presiones de los miembros de su comité ejecutivo, en una reunión celebrada el pasado miércoles, y las surgidas en la comisión del Diálogo Social, al día siguiente, siembran dudas sobre la decisión final de la junta directiva de mañana.
Un fracaso de la negociación es una posibilidad que fuentes sindicales consultadas no descartan. En el enésimo ataque de los mercados a la deuda española, que lleva implícita la exigencia de nuevas reformas impopulares, la patata caliente quedaría una vez más en las manos desnudas del Gobierno. Las opciones de Zapatero son dos, señalan los citados medios: aplazar la reforma a la espera de nuevos tiempos -antes de un año habrá elecciones generales-, o seguir en su línea de toma de decisiones que sus electores no entienden y abordar en solitario unos cambios que los empresarios y los mercados internacionales piden cada día con más urgencia.
«Sería el colmo»
La pasada semana ha sido prácticamente inhábil para la reforma de la negociación colectiva, que ya se encontraba muy avanzada según pudo constatarse en la reunión de los máximos líderes sindicales y empresariales con el presidente del Gobierno, el pasado 12 de mayo en La Moncloa.
Pero ante las nuevas circunstancias, fuentes sindicales señalan que «sería el colmo» que Zapatero empeorara las condiciones «casi acordadas». Su única salida digna, propugnan, sería dejar el cambio para otra ocasión.
Y lo que las centrales tienen claro, precisaron, es que si la patronal quiere dar ahora marcha atrás en algunos de los puntos más o menos pactados en los últimos meses, el acuerdo «no va a ser posible».
Además de los cambios en las mutuas, la reforma aborda aspectos como la ultraactividad de los convenios, la articulación de la negociación colectiva y la mejora de la flexibilidad interna en el seno de las empresas.