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El segundo emperador

Toyota ha duplicado sus beneficios a pesar del parón causado por el terremoto. Los buenos resultados de la compañía engrandecen la imagen de su presidente

16.05.11 - 02:55 -
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Providencial, brillante, ejemplar, revolucionario ... La prensa japonesa, por lo general muy comedida en sus apreciaciones, se ha soltado el pelo. El anuncio de que Toyota cerró el último ejercicio fiscal duplicando sus beneficios ha traído consigo una lluvia de elogios sobre su presidente. La noticia se ha convertido en un poderoso bálsamo para la castigada sociedad nipona, cuya autoestima estaba a punto de tocar fondo después de una dieta informativa de plato único -la catástrofe y sus derivados- que dura ya más de dos meses. Los resultados económicos de Toyota han actuado a modo de revulsivo y han devuelto la esperanza a miles de japoneses que lo han perdido todo en el tsunami. Si la firma automovilística, cuya producción aún no se ha normalizado por el desastre, es capaz de levantarse y mirar de nuevo hacia adelante, ¿por qué los demás no vamos a ser capaces de hacer lo mismo?
Toyota es algo más que una empresa en Japón. El país vivió una auténtica convulsión de júbilo cuando en 2007 se conoció que había desbancado a la estadounidense General Motors (GM) como primer fabricante de coches del mundo. Fue una revancha cargada de simbolismo ante el antiguo enemigo. La imagen de la industria automovilística nipona poniendo contra las cuerdas a los tres grandes de Detroit -Ford, Chrysler y GM- actuó como catalizador colectivo y cerró muchas heridas que aún seguían abiertas. El éxito incrementó hasta límites insospechados el prestigio de los máximos responsables de la marca, figuras que ya de por sí tienen un alto reconocimiento social debido a la identificación de los japoneses con sus compañías.
En Japón la palabra Toyota remite de forma automática a la familia Toyoda, la dinastía que fundó la empresa y que la ha gobernado en sus momentos decisivos. Los Toyoda tienen una parte muy pequeña del accionariado de la compañía -entre un 1% y un 2%- pero conservan un poderoso ascendiente entre sus trabajadores. Akio Toyoda, el actual presidente, aún recuerda que cuando intentó dar sus primeros pasos en la empresa después de haberse formado en los Estados Unidos le resultó muy difícil integrarse como un empleado más porque nadie quería ser su jefe. A ver quién se atrevía a decirle a todo un Toyoda que lo estaba haciendo mal.
Telar automático
El fundador de la saga fue Sakichi Toyoda, hijo de un modesto carpintero que a día de hoy es venerado como uno de los artífices de la industrialización de Japón. Sakichi fabricaba telares e ideó un revolucionario sistema automático que despertó el interés de varias empresas occidentales. Las 100.000 libras que obtuvo por la venta de la patente a una compañía británica sirvieron para que su hijo Kiichiro pusiese en marcha en 1937 la Toyota Motor Corporation, el germen de la compañía actual. Hay multitud de teorías sobre los motivos por los que la empresa se llamó Toyota en vez de Toyoda, pero todo parece indicar que se se trató de un cambio por razones puramente fonéticas (el nombre sonaba más 'redondo' con la t que con la d).
A Kiichiro, el abuelo del actual presidente, se le atribuye la paternidad del ideario que sustenta la filosofía de trabajo de Toyota. Es lo que en las escuelas económicas se conoce como toyotismo, un sistema de producción que a día de hoy se ha extendido a todas las industrias del globo y que tiene como divisa el archiconocido concepto del 'just in time', que consiste básicamente en adecuar el ritmo de la cadena de producción a los pedidos. Kiichiro, en realidad, se limitó a introducir algunas variaciones sugeridas por los mecánicos de los telares que habían trabajado con su padre en el sistema de trabajo inspirado en las cadenas de montaje de la industria automovilística estadounidense.
La compañía no salió muy mal parada de la II Guerra Mundial -la fábrica se libró por los pelos de ser bombardeada- y remontó el vuelo gracias al inicio de la producción de un prototipo inspirado en el más universal de los vehículos bélicos, el jeep americano. El todoterreno recibió al principio el nombre de Toyota Jeep BJ aunque para evitar problemas legales fue denominado Land Cruiser. A partir de ahí se inicia un periodo de vertiginoso crecimiento que ha convertido a Toyota en el modelo de compañía global que se estudia en todas las facultades empresariales. En 1957 la todopoderosa industria americana del motor observaba por encima del hombro al Toyota Crown, el primer vehículo que Japón exportaba a EE UU. A los estadounidenses, que monopolizaban el sector automovilístico, ni se les pasó por la cabeza que ese coche de apariencia anodina y que casi nunca se estropeaba podía llegar a representar una amenaza.
Toyota, mientras tanto, inició su expansión internacional con la implantación de una fábrica en Brasil en 1962 y otra en Tailandia. A mediados de los sesenta salió al mercado el Corolla, un modelo que con el tiempo se convertiría en el santo y seña de la marca japonesa. Era un vehículo sencillo y austero que se vendía a un precio muy competitivo y que no tardó en adquirir una reputación de fiabilidad casi legendaria. La crisis del petróleo de los setenta terminó de inclinar la balanza a favor de los japoneses: el mercado demandaba coches de escaso consumo y que diesen pocos problemas, justo lo contrario de lo que había estado fabricando la industria americana. La entrada en funcionamiento en 1984 de la primera planta de Toyota en los Estados Unidos ilustró lo mucho que habían cambiado las cosas en la industria automovilística y anticipó el relevo que se produciría dos décadas más tarde, cuando Toyota desbancó a GM como primer productor mundial de coches.
La compañía tiene hoy una plantilla de 264.000 trabajadores y plantas de producción repartidas por todo el planeta. Ahora es ella la que marca los ritmos de la industria del automóvil, sobre todo en los países emergentes, que es donde sus ventas han registrado un mayor crecimiento. Dirigida de nuevo por un Toyoda -Akio accedió a la presidencia en 2009-, Toyota ha dicho definitivamente adiós a la crisis que golpeó sus cuentas en 2008 y ha consolidado su posición hegemónica en el mercado mundial pese a los estragos causados por el terremoto. El éxito de su último balance financiero ha hecho de ella una referencia en un Japón que se tambalea en un mar de incertidumbres. A los ojos de millones de sus conciudadanos, Akio Toyoda, el último representante de la dinastía empresarial, es hoy una figura casi tan venerada como la del emperador.
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El segundo emperador

Planta de ensamblaje en Japón del Toyota Prius, el modelo híbrido que se ha convertido en el emblema de la marca en los últimos años. :: EVERETT KENNEDY/EFE

El segundo emperador
Akio Toyoda, de 55 años y nieto del fundador de Toyota, anunció la semana pasada que los beneficios de la empresa se han duplicado. :: TORU HANAI/REUTERS
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Toyota abrió su primera factoría en los Estados Unidos (en la foto) en 1984. Hasta entonces la marca japonesa había sido ignorada por los todopoderosos fabricantes norteamericanos. :: REUTERS

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