Balmaseda retrocedió ayer a 1199 en el arranque del XIII Mercado Medieval. Detrás de la iglesia de San Severino, el caballero Don Pedro de la Torre, recién llegado de las cruzadas con la enseña cristiana roja bordada en su espalda, se preparó para participar en las primeras justas. Las distintas pruebas de cuatro caballeros y su lucha a espada descubierta han sido una de las principales novedades que el mercado ha traído este año a unas calles que volvieron a engalanarse como en plena Edad de las Tinieblas.
A las once de la mañana, comenzaron dos días de recreación medieval, con los habituales pasacalles, funciones de circo, tragafuegos, paseos en asno y artesanos que forjaron herraduras. La persistente lluvia fue la protagonista antipática de la primera jornada. «Tiene pinta de que cuando empieza así no para nunca, ¿no?», preguntó la dependienta de un puesto de queso mallorquín formatge que dio a probar su producto a todos los paseantes. A pesar del agua y la molestia de los paraguas, cientos de personas se lanzaron un año más a unas calles abarrotadas y tenebrosas. Al doblar cualquier esquina, lo mismo aparecía un domador de serpientes que unos pordioseros o un grupo de ocas paseando entre las risas de los niños.
Al final del eje de Pío Bermejillo, un grupo de peregrinos de Santiago vestidos con su riguroso abrigo con esclavina repartían información sobre la ruta a los paseantes. Pertenecientes a la Asociación Amigos de los Caminos de Santiago de Bizkaia, asesoraron a los interesados en hacer el hatillo y seguir la ruta Jacobea y repartieron kilometrajes del recorrido señalando qué lugares disponen de albergue y qué servicios se pueden encontrar. Una pareja de León les preguntó sobre la mejor ruta para partir desde su ciudad y, además de los datos, pudo escuchar la historia del 'camino olvidado', una ruta que parte de Bilbao siguiendo viejas calzadas romanas y se une en Camponaraya (León) al 'camino francés', hasta llegar a Santiago de Compostela.
Carne de burro
Historias y curiosidades nunca faltan en un mercado medieval. Mientras los árabes del zoco andalusí abrieron sus teterías, jaimas de pastas y kebab, un joven vendedor de productos de chacinería ofreció salchichones de carne de burro y chorizos a la pimienta dulce. «¿Pero esto de vender burro no es ilegal?», preguntó un curioso. El comerciante le tranquilizó: «Son burros jóvenes franceses que no estaban en peligro de extinción. Matar un burro allí es como matar un cerdo aquí», resumió. Cerca, una confitera levantó nubes de azúcar con almendras y pipas garrapiñadas.
De pronto, en la mitad de uno de los cantones, surgieron las imponentes figuras de cuatro caballeros montados a caballo. 'Los caballeros del fuego', un torneo de justas realizado por especialistas que recrean los combates singulares que con caballo y lanza se disputaban en la Edad Media, cautivaron y atemorizaron por igual a los asistentes. Aprovechando unos derribos en la calle La Torre, se habilitó un escenario donde cuatro caballeros compitieron hasta la segunda sangre para hacerse con el torneo y, de paso, demostrar su honor.