Han transcurrido ya dos meses desde que Amaia Azkue fue asesinada. El autor sigue suelto y no se sabe quién es. La Policía no desiste en el empeño de dar con él, pero los resultados no le acompañan. No descarta incluso que haya decidido establecer su residencia lejos de Zarautz.
Mañana se cumplen dos meses desde que Amaia, de 39 años, natural de Orio y vecina de Zarautz, fuese hallada sin vida en aguas del embalse de Ibai-Eder. Nada ha trascendido de las investigaciones policiales que se han practicado en las últimas semanas. La Unidad de Investigación Criminal de la Ertzaintza intenta estrechar el cerco al autor. Realiza seguimientos a posibles sospechosos. Alguno de los investigados ha descubierto que agentes de paisano le siguen. Esta situación ha llevado a uno de ellos a personarse en dependencias policiales para exigir una explicación.
La falta de resultados comienza a hacer mella entre los investigadores que, no obstante, reclaman tiempo, que les permitan trabajar sin presión y con la discreción que creen necesaria para resolver este tipo de casos. Mientras tanto, en Zarautz y Orio, poblaciones en las que Amaia Azkue hacía su vida, siguen esperando que las investigaciones den su fruto. «Un caso de esta naturaleza, un hecho tan grave como este no puede quedar impune», afirma un amigo de la víctima.
El asesinato de Amaia Azkue se mantiene aún fresco en el recuerdo de sus convecinos. Ocho semanas después, nadie acierta a comprender «por qué le mataron». Casada y madre de dos niñas, Amaia fue abordada sobre la una de la tarde del pasado 16 de marzo frente al parking de un supermercado de la localidad en la que residía y obligada a dirigirse en su propio coche, un Renault Megane, a un lugar apartado donde el asesino le golpeó para que le proporcionase la clave secreta de las tarjetas de crédito que llevaba. Después, con la intención de acabar con su vida, le agredió con violencia inusitada en la cabeza.
Atado de pies y manos
El asesino arrojó su cuerpo atado de pies y manos a las aguas del embalse, abandonó el lugar al volante del coche de la víctima, se dirigió al cercano barrio de Aratz- Erreka, apenas distante seis kilómetros del pantano, y se deshizo de diversos objetos, que habría depositado en un contenedor de basura. De inmediato, cogió de nuevo el automóvil, lo llevó hasta Loiola y lo dejó en un parking cercano al santuario.
La investigación permitió saber que el mismo día de los hechos el inculpado extrajo 300 euros con la tarjeta de la víctima en un cajero de Azpeitia. Dos días después intentó hacer lo mismo en Zarautz, pero no logró extraer cantidad alguna.
La autopsia y los análisis efectuados sobre el coche de la víctima llevaron al laboratorio de la Unidad de Policía Científica de la Ertzaintza a descubrir restos de un perfil genético perteneciente a un varón que no se corresponde con el de ninguno de los usuarios u ocupantes habituales del coche. La Policía cree, por tanto, que se trata de una muestra que pertenece al autor del crimen.
Pero todas estas pruebas de nada le valen. No tiene con qué ni con quién cotejar todas las evidencias que ha obtenido. El ADN que ha descubierto no aparece en ningún registro policial. De ahí que agentes de la Unidad de Investigación Criminal comenzaran a realizar seguimientos a posibles sospechosos en Zarautz y recogieran en los bares vasos, tazas o copas que los investigados habrían utilizado para tomar una consumición.
Rasgos físicos
Existen algunos rasgos físicos del asesino que sí conocen gracias a las cámaras de las entidades financieras a las que se dirigió para sacar dinero. Podría superar los 1,90 metros. Los fotogramas, no obstante, ponen de manifiesto que es de complexión delgada y que porta una gorra.
A la vista de las investigaciones, la Policía no descarta que fueran dos los autores del delito, pero sin desechar que el asesino actuara en solitario. En un primer momento, por el modo en el que la víctima apareció maniatada, se creyó que pudieron ser dos los intervinientes, aunque posteriormente se pudo comprobar que una sola persona pudo haber realizado los nudos cuando la víctima estaba inerte. Amaia Azkue fue hallada atada de pies y manos. Presentaba varios golpes en la cara que podrían ser compatibles con unos puñetazos que el asesino le propinó, presumiblemente con el objeto de conseguir de ella las claves secretas de las tarjetas de crédito.
Los golpes mortales se localizaban en la cabeza. Se cree que el asesino habría empleado alguna piedra. Precisamente, este dato, esta improvisación en echar mano a un elemento tan común como una piedra induce a pensar que la muerte de Amaia no fue algo premeditado.
Respecto al lugar en el que se perpetró el delito, sigue sin descartarse que la agresión se hubiese cometido en el mismo embalse. El día en el que apareció el cuerpo de Amaia, dos mujeres descubrieron un rastro de sangre reciente. Las torrenciales lluvias de aquel día pudieron contribuir a que se diluyera la sangre.
Los investigadores creen que el homicida conoce a la perfección la comarca de Urola-Kosta. Posiblemente, sabía que debido al mal tiempo, la zona de Ibai-Eder no estaría muy concurrida. Su posterior traslado al barrio de Aratz-Erreka y más tarde al aparcamiento de Loiola, donde abandonó el coche, son la demostración de que es un vecino de la comarca, probablemente de Zarautz.