Hay palabras que llevan el terror encerrado en cada una de sus letras. Por ejemplo, 'cáncer', que es oírla en referencia a familiares, amigos o uno mismo e imaginar el avance de la parca con la guadaña al hombro. Sin embargo, lejos de rendirnos al abatimiento, debemos centrar la energía que nos queda en combatir la enfermedad. Y cualquier alternativa de redención comienza por un diagnóstico certero sin tiempo que perder, que en este caso las prisas sí son buenas consejeras.
De ahí que recibamos con buen ánimo todo progreso que detecte el problema mayúsculo en el camino de ida, antes de transformarse en un llanto irreversible. Osakidetza confía en que en el verano de 2012 pueda prestar servicio el último progreso para detectar tumores. La primera consecuencia positiva, la fundamental, consiste en la premura para intervenir. Una vez diagnosticado el mal se trata de atajarlo cuanto antes. Y el nuevo TAC contribuirá a ello. De este modo se evitará el éxodo forzoso de 250 paisanos cada año a clínicas privadas de Bilbao que mantienen un convenio con la salud pública vasca, y cuyas listas de espera se aproximan a los dos meses, para someterse a pruebas aclaratorias. Santiago acogerá la nueva revolución médica y tal noticia alegrará al amplio sector de vitorianos que lo tienen en su corazón como 'el hospital'. Irá allí porque es el único centro de la capital alavesa que cuenta con la unidad de Medicina Nuclear. Pero en cuanto el futura hospital universitario abra sus puertas en torno al actual emplazamiento de Txagorritxu, el TAC de última generación abandonará la calle Olaguíbel para reforzar la magnitud del HUA. Se instale aquí o allá, lo relevante es disponer de los mejores métodos para la detección del cáncer. En asuntos médicos prefiero la ignorancia, pero la postura de la vista tapada no significa la inexistencia del problema. La sensatez recomienda escuchar pronto una mala noticia con el fin de levantarle diques a la enfermedad y no silbar hacia otro lado. Para todo hay que echarle valor a la vida.