Decía en la década de los 50 el licenciado en Ciencias Naturales Andrés Buesa que «Álava es el paraíso de las setas». Lo corroboró con todo lujo de detalles e ilustraciones en color en su libro especializado, publicado por primera vez en 1947. Hoy, su hijo Pedro, con la ayuda de toda la familia, reedita por cuarta vez 'Las setas', «una obra de referencia para los micólogos y aficionados a la recogida de hongos durante muchos años».
La nueva edición de La galería del libro recoge íntegramente los contenidos originales, pero incluye un capítulo sobre envenenamientos y sus tratamientos y prevenciones, redactado por la unidad de Urgencias de Txagorritxu. Con una intención «claramente divulgativa», 'Las setas' destaca las características de cada especie en su fase de crecimiento acompañando el texto con láminas a color. Se trata de «un pequeño manual con la información fundamental sobre la recolección, la calidad y la temporada de cada variedad», que serán de gran ayuda a la hora de discernirlas en el bosque.
Este volumen de tamaño bolsillo guiará tanto a 'seteros' principiantes como a los más avezados a saber cómo distinguirlas, sus cualidades alimenticias, las recetas culinarias, además de aportar documentación científica. Andrés Buesa, fallecido en 1966, explicaba en una entrevista al periodista alavés Venancio del Val que «es muy fácil distinguir las setas con unos meros conocimientos botánicos, al igual que con los árboles». En cuanto a las especies venenosas, el autor afirmaba que «en Álava hay miles de variedades; tanto comestibles como tóxicas». Y a pesar de la tradición, «hay unas cuantas más exquisitas que los perretxikos, y se pueden coger a pocos kilómetros de Vitoria».
45 clases comestibles
En total, el libro cifra «hasta 45 clases comestibles». Xabier Laskibar, expresidente del grupo de Micología de la sociedad Aranzadi, contaba que «hasta el año 55 recogía las setas sin saber que eran amanita phalloides, hasta que cayó en mis manos el libro del doctor Buesa, el único material especializado de la época. Entonces me di cuenta de lo imprudente que fui en consumirlas». Nacido en 1901, Andrés Buesa estudió la carrera en Madrid y se dedicó a la odontología, profesión que ejerció en Vitoria. Como buen amante de la naturaleza, sus grandes aficiones, aparte de las setas, eran la caza y la pesca.