Tenían razón los que decían que Vitoria es una bella desconocida, o que sigue escondida, agazapada detrás de sus muros medievales, a la espera de una oportunidad, de una llave que abra su portón que da acceso a una historia con mayúsculas y a un compendio de arte clásico y universal. Se comprobó ayer, cuando a las 11.30 de la mañana se abrió Escoriaza Esquivel, durante tanto tiempo cerrado a visitas. El primer grupo, una treintena de personas, agradeció que esta joya del plateresco se abra por fin.
«Hemos venido buscando especialmente este edificio y los otros palacios», aseguraban Ana López y Santiago Sanz, de Barakaldo. «Me he quedado sorprendido», se admiraba Patxi Uriondo, de Bermeo. «Hacía muchos años que no había vuelto a Vitoria y me ha gustado descubrir su Casco Medieval», añadía. «Estoy emocionada. Este palacio ha significado mucho para mi familia. Un sobrino hizo la primera comunión y he seguido muy de cerca los pasos de la Bascongada. Ha venido mucha gente de la capital a verlo», decía Teresa, una vitoriana. «Es muy interesante. Realmente no sabíamos ni donde nos metíamos. Hace tiempo que queríamos venir a Vitoria a pasar dos días», explicaba Carme y Josep María procedentes de la comarca catalana del Penedés.
El palacio de Escoriaza Esquível o del 'buen amor' y sus intrigas palaciegas, la asombrosa vida del médico de Catalina de Aragón, reina de Inglaterra, la increíble historia de amor que se ha esculpido en sus paredes y la impresión de que bajo un envoltorio de piedras de mampostería de la misma baja calidad que la de las murallas vitorianas se esconde un tesoro de filigrana plateresca, luego usado de seminario, cuartel de artillería, hospital de tuberculosos o escuela de gastronomíoa, sorprendieron a todos. La guía se esforzó en explicar que la apertura era provisional porque necesita una buena restauración. Un charco en el mismo patio recordaba que cuando llueve hay goteras. Unos paneles elaborados por la agencia de rehabilitación con fotografías de Quintas ayudaban a entender la importancia de una ciudad que puede presumir de gótico y de renacimiento, pero también de barroco y de neoclásico.
Una hora después de abrir Escoriaza, se habían desbordado todas las previsiones de visitantes. La gente entraba sin parar. Los que no querían esperar a la guía se podían consolar con un vídeo explicativo o un recorrido por su cuenta.
Pero no sólo era el palacio del médico de la reina de Inglaterra el que impresionaba. Los amores de José Bonaparte y la marquesa de Montehermoso que se narraban bajo las arcadas del antiguo obispado también fascinaron a más de uno. Igual que el afán de Martínez de Salinas de hacer un palacio tan raro como el de Villa Suso.
Historias que atrapan
Historias de Vitoria que ayer consiguieron atrapar a muchos turistas. Y es que ayer el centro de la capital alavesa ofrecía una estampa inédita. Eran miles de personas las que se podían ver paseando y disfrutando en los itinerarios del Casco Medieval, plaza del Machete, ensanche neolásico, palacios y calles gremiales. Y los bares y restaurantes se llenaron. «Hemos querido tomar un pincho en el Toloño pero no se podía entrar. Estaba a tope», describían desconsolados Carme y Josep María.
Un tiempo y un momento propicio para conocer Vitoria es lo que pensó Koldo Bilbao, de Lezama, un lector de las novelas de Toti Martínez de Lecea. «No sabía que Vitoria tuviera murallas», dijo. Y vino a verlas un Jueves Santo.