Bilbao, 2 de octubre de 1916. La Universidad Comercial de Deusto, fundada gracias al generoso legado de los hermanos Pedro y Domingo de Aguirre y Basagoiti, inicia su actividad. El jesuita Luis Chalbaud, primer director del centro, expresa claramente en su discurso inaugural, ante lo más granado de la sociedad bilbaína, la misión de esta institución que este año cumple 95 años de vida. «…Formar los jefes de empresa, los hombres de negocio, los gerentes…». Con ese fin nace la Universidad Comercial y en ello concreta su vocación de servicio a la sociedad. Qué mejor manera de servir a su entorno que ocupándose de desarrollar el talento y forjar el carácter de quienes habrían de liderar con acierto el crecimiento económico de la Vizcaya de entonces, poniéndose al frente de aquellos primeros altos hornos, bancos, compañías de seguros, astilleros…
Un proyecto que, ya desde su nacimiento, se formula como una obra colectiva, idea que el propio Chalbaud se encarga de transmitir: «... de vuestros alientos, de vuestra ayuda necesitamos, si hemos de perfeccionar la obra concebida; … depende de la colaboración sencilla pero entusiasta de cuantos en la industria y el comercio viven, o alrededor de ellos crecen y desarrollan». Universidad singular, que lejos de erigirse en 'torre de marfil', quiere hacer suyas las necesidades de la empresa, entender sus inquietudes, conocer sus retos, apoyar la reflexión profunda y sosegada, colaborar en la generación de conocimiento y criterio, y promover su difusión.
En estos tiempos en los que proliferan rankings y clasificaciones que valoran la calidad universitaria cuantificando recursos disponibles, cuadros docentes, publicaciones y patentes…, la Comercial, fiel a su espíritu fundacional, exhibe con orgullo el reconocimiento social que siempre ha merecido la calidad humana y profesional de las personas que en ella se han formado. A aquellos primeros directivos que fueron capaces de emprender y consolidar los nacientes proyectos siderúrgicos y financieros de principios del siglo XX (Altos Hornos de Vizcaya, Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya, Seguros Aurora, Compañía Euskalduna…) siguieron quienes, en los 70 y 80, tuvieron que luchar con energía y tesón adoptando duras medidas de reestructuración para garantizar la competitividad de sus empresas, los que en los 90 fueron capaces de liderar los procesos de internacionalización de los grandes grupos empresariales españoles, y quienes hoy en día asumen con ilusión el reto de la innovación en una economía global. Todos ellos, formados en el rigor y la exigencia, y dispuestos a asumir con compromiso su papel de liderazgo en los procesos de creación de riqueza y bienestar económico. Diversos en sus intereses y perfiles, en su procedencia y destino profesional, pero unidos al sentirse parte de aquél proyecto nacido hace 95 años al que desean seguir apoyando.
En estos días se ha hablado de la 'refundación' de la Comercial y es de justicia hacerlo por cuanto, una vez más, la Fundación Vizcaína Aguirre ha acudido con generosidad a apoyar financieramente las infraestructuras necesarias para atender los retos que enfrenta en la actualidad la actividad universitaria. Pero el edificio renovado en todo su esplendor no es sino la cara visible de un proceso de refundación que se actualiza día a día, porque día a día se concreta el apoyo que la Comercial recibe y que le permite realizar con eficacia su labor. El apoyo de sus antiguos alumnos y de las empresas e instituciones del entorno, mediante el que se da fe de esa «obra colectiva» a la que el padre Chalbaud aludía en su discurso inaugural.
'Refundación' que se hace también patente en ese compromiso que el mundo empresarial demuestra al constituirse en consejo de administración de una Deusto Business School que asume como lema 'Business education to serve the world' (educación empresarial para servir al mundo), actualizando y renovando aquella expresión primigenia de Chalbaud en su discurso de apertura.
Ha pasado casi un siglo y nos movemos en un nuevo entorno, enfrentamos nuevos desafíos, nuevos retos asociados a la interdependencia y a la globalidad, al envejecimiento demográfico, al desarrollo tecnológico y al cambio climático, a los problemas de desigualdad, pobreza y subdesarrollo que no terminan de encontrar solución…. Pero, al igual que ayer, una sociedad sostenible, competitiva y cohesionada precisa de un tejido empresarial sano, dinámico e innovador, que esté abierto al mundo y a las oportunidades que el cambio ofrece, ejemplo de aprendizaje permanente y colaborativo, y centrado en la persona, en su potenciación y mejora. Y necesitamos el 'talento' capaz de liderar la empresa que buscamos, una empresa humanista e innovadora, competitiva y solidaria, responsable con su entorno y promotora del bien común.
«Euskadi, metrópoli del talento» es la visión de futuro que hemos elegido para guiar nuestro esfuerzo colectivo como sociedad, reconociendo la importancia de este recurso escaso por el que ya empiezan a competir denodadamente países y regiones. La 'refundación' de la Comercial supone renovar nuestro compromiso para conseguir entre todos este 'talento' dinamizador, para darle el reconocimiento que merece, acogiéndolo y apoyándolo en su actuación. Colaboremos pues, una vez más, empresa y universidad, en la formación de ese 'hombre completo' capaz de transformar la sociedad.