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Mitosis abertzale

El nacionalismo tiene un grave problema con su profusión de marcas y señuelos, pero no es de recibo que su proyecto de futuro se limite al logro de la ansiada unidad

14.04.11 - 02:53 -
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La mitosis es un mecanismo de división celular. Es un fenómeno que se da constantemente en la naturaleza, pero puede tener efectos perversos en el cuerpo humano. El cáncer es una especie de mitosis perversa mediante la cual se opera una multiplicación celular incontrolable. En política también se da el fenómeno de la mitosis y entre nosotros ha habido quien lo ha teorizado, formulando el axioma de que uno se divide en dos.
Antón Irala fue un hombre imprevisible que ejerció de secretario del lehendakari José Antonio Aguirre y desarrolló una importante carrera en los servicios de inteligencia americanos. Fue un anticomunista ferviente, pero ello no impidió que estudiara con ahínco la teoría marxista. Analizó con especial interés el fenómeno de Mao Tse Tung y extrajo sabrosas conclusiones que desarrolló en un libro que hizo furor en los años ochenta bajo el título de 'Bat bitan banatzen da'. Antón Irala fue un nacionalista radical que miraba con ánimo pesimista el porvenir del nacionalismo. Era consciente de la dinámica centrífuga del nacionalismo vasco.
El axioma de que uno se divide en dos por la fuerza del sino dialéctico se ha hecho realidad en el caso del nacionalismo vasco. Del esqueje plantado en su día por Sabino Arana Goiri ha crecido un frondoso árbol que ha generado luego un tupido bosque. Ese parece ser el destino del nacionalismo vasco: multiplicarse en réplicas continuas convirtiendo el árbol original en espesa fronda. Hoy existen no menos de media docena de marcas nacionalistas y son ciento las hijuelas que se reclaman de la bellota plantada por Arana Goiri en su jardín de Abando. Además, por lo que parece, la historia no acaba de terminar.
En el difícil parto de la izquierda abertzale en el que no acaba de nacer el vástago llamado Sortu, parece inminente una escisión de consecuencias todavía ignotas. Ya comienza a hablarse de una izquierda abertzale 'tradicional' como si se diera por supuesto la existencia de otras izquierdas abertzales 'auténticas', 'no-tradicionales' o vaya usted a saber. Es el síndrome de la mitosis que asoma. El síndrome de la mitosis abertzale.
No es de extrañar ante semejante profusión de siglas, partidos, agentes y sujetos, que los más conscientes de entre los nacionalistas hayan tocado a rebato y traten de unir lo que la dialéctica iraliana ha desperdigado. Los jeltzales guipuzcoanos han lanzado la consigna 'Batu gaitezen', que de algún modo contraviene el lema más comedido del 'Ados' de los bizkaitarras. La izquierda aber-tzale, a su vez, trata de estrechar filas con lo que ellos consideran el nuevo y hegeliano 'sujeto' llamado Bildu.
Tanto Bildu como Batu tratan de unir las respectivas parroquias y no dejan de mirar con nostalgia la unidad abertzale trazada en Lizarra. Ocurre que nada se repite bajo el sol, a pesar de que los humanos persistamos en nuestras ensoñaciones. La historia nos muestra que en el último siglo el nacionalismo vasco ha logrado aglutinar a la mitad de la población vasca, mientras la otra mitad le ha sido esquiva. A veces ha logrado la hegemonía mediante el copo de las instituciones o mediante la presión ejercida por dudosos métodos, pero no ha logrado sumar una mayoría social de la que sin embargo se ufana. La famosa acumulación de fuerzas solo alcanza a la mitad de la sociedad y no cabe suplir la mayoría a base de voluntarismo patriotero. El hecho cierto es que el nacionalismo no ha logrado alcanzar una clara mayoría electoral en el conjunto del País Vasco. Más que crecer se ha reproducido por mitosis.
La única mayoría social válida, en las sociedades democráticas, es la mayoría parlamentaria y lo demás son conglomerados que ocultan, a base de ruido y presión, la menesterosa entidad de la mitosis frondosa. Entiendo que el nacionalismo tiene un grave problema con su profusión de marcas y señuelos, pero no es de recibo que su proyecto de futuro se limite al logro de la ansiada unidad abertzale. El futuro del País Vasco requiere de mayorías que rebasen ampliamente los bloques que históricamente se han conformado y el nacionalismo debe resolver sus cuitas por la hegemonía para contribuir a un pacto entre nacionalistas y quienes no lo son para sacar a Euskadi del atolladero. Un pacto de alcance nacional que aglutine al constitucionalismo y al nacionalismo menos etnicista.
A algunos se les llena la boca hablando de ilusión y de nuevas eras en ciernes, pero su horizonte es demasiado estrecho para abarcar el futuro. Bien está que los abertzales se unan, pero no para arremeter contra el resto de la sociedad. Es bueno que se unan para pactar y establecer las reglas de juego de una Euskadi libre del síndrome identitario; pero tanto Bildu como Batu no dejan de ser pobres apaños contra la inexorable mitosis abertzale. Les falta ambición política. Su campana solo suena para la parroquia. Así es imposible construir una nación de ciudadanos.
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