La Ertzaintza ha analizado en las últimas semanas vasos, tazas, copas y otros elementos que ha recogido en bares y cafeterías de Zarautz en busca del ADN que les conduzca hasta el autor del asesinato de Amaia Azkue. El próximo sábado se cumple precisamente un mes desde que el cadáver de la víctima, de 39 años, casada y madre de dos hijas, apareciese maniatada en aguas del embalse de Ibai-Eder, cerca de Azpeitia. La Policía sabe que el autor es un varón, alto y delgado. Podría superar 1,90 metros de estatura, pero ignora quién es.
Desde el día de los hechos, la Unidad de Investigación Criminal de la Policía autonómica no ha cejado en el empeño de dar con el autor de este brutal asesinato. Para los agentes, el caso se ha convertido en objetivo prioritario y, además, en un reto profesional.
Amaia Azkue, natural de Orio y vecina de Zarautz, fue abordada sobre la una de la tarde del pasado 16 de marzo frente al parking de un supermercado de la localidad en la que residía y obligada a dirigirse en su propio coche, un Renault Megane, a un lugar apartado donde el asesino le golpeó para que le proporcionase la clave secreta de las tarjetas de crédito que llevaba. Posteriormente, con una clara intención de acabar con su vida, le agredió con una violencia inusitada en la cabeza. El autor de los hechos arrojó su cuerpo atado de pies y manos a las aguas del embalse, abandonó el lugar al volante del coche de la víctima, se dirigió al cercano barrio de Aratz- Erreka, apenas distante seis kilómetros del pantano, y se deshizo de diversos objetos en un contenedor de basura. Cogió de nuevo el automóvil, lo llevó hasta Loiola y lo abandonó en un parking cercano al santuario.
La investigación ha permitido determinar que el mismo día de los hechos el inculpado extrajo 300 euros con la tarjeta de la víctima en un cajero de Azpeitia y que dos días después intentó hacer lo mismo en Zarautz, en un expendedor de billetes de la calle Mayor, aunque esta vez no logró extraer cantidad alguna.
La autopsia y el posterior análisis del coche de la víctima permitieron al laboratorio de la Unidad de Policía Científica de la Ertzaintza descubrir restos de un perfil genético perteneciente a un varón que no se corresponde con el de ninguno de los usuarios u ocupantes habituales del coche. La Policía cree, por tanto, que se trata de una muestra que bien puede pertenecer al autor del crimen. Sin embargo, los investigadores se topan con un obstáculo que les impide progresar en el caso: no tiene con qué ni con quién contrastar la muestra obtenida. El cotejo tanto de perfiles genéticos como de las huellas dactilares resulta imposible si previamente éstos no han sido incluidos en la base de datos policial. Es decir, sólo sería factible saber a quién pertenece el ADN descubierto si éste estuviera en el registro policial, si el autor hubiese sido «fichado» en alguna ocasión anterior.
Hasta colillas
La falta de identificación del individuo ha llevado a la Ertzaintza a realizar en las últimas semanas seguimientos a diferentes personas que podrían encontrarse en la lista de posibles sospechosos y, sin que se hubieran percatado, habrían obtenido de ellas muestras de ADN. ¿Cómo?, mediante la retirada en bares y cafeterías, principalmente de Zarautz, de vasos, tazas o copas que los investigados habrían utilizado para tomar una consumición. Incluso, los policías habrían recogido algunas colillas que habrían arrojado al suelo.
Clientes de establecimientos hosteleros de la localidad costera han sido testigos días atrás de cómo agentes de paisano retiraban de la barra vasos manipulados por los sospechosos que posteriormente los introducían en envoltorios de plástico para que no resultasen contaminados por terceras personas.
Estos recipientes han sido remitidos a los laboratorios de la comisaría de Erandio para su análisis, sin que hasta el momento las pesquisas hayan dado resultado positivo.
La detección de una muestra de ADN es de capital relevancia. Recientemente, en varios procesos judiciales que han tenido lugar en Euskadi se han dictado sentencias condenatorias sustentadas en pruebas genéticas. El conocido como 'violador en serie de Donostia' fue condenado por el ADN que dejó sobre sus víctimas. Asimismo, un hombre de etnia gitana fue sentenciado en San Sebastián por el asesinato de un excuñado suyo. El inculpado declaró que el día del crimen no se encontraba en la capital guipuzcoana, pero la Policía halló en el escenario de los hechos una colilla con su ADN.
Tras el hallazgo del coche de Amaia Azkue en Loyola, 36 horas después de la aparición del cadáver, la Ertzaintza albergaba la esperanza de que pudieran encontrarse huellas dactilares suyas en alguna parte del vehículo. Sin embargo, los especialistas no han podido aislar más que fragmentos que no tienen la suficiente calidad identificativa. De igual manera, las imágenes obtenidas por las cámaras de seguridad de las entidades financieras a las que el autor del asesinato se dirigió para sacar dinero resultan de una calidad baja. Los fotogramas no permiten siquiera la identificación del autor ya que oculta su rostro mediante una gorra.