El control de las Policías Locales de Getxo y Erandio ha reducido en más de un tercio el hurto de carteras en los mercadillos ambulantes, donde el «bueno, bonito y barato» sigue siendo el reclamo más recurrente. El servicio de atención ciudadana getxotarra tramitó 17 denuncias por sustracciones de carteras en 2010, cifra sensiblemente inferior a la registrada en ejercicios anteriores. «La crisis económica y la apertura de 'outlets' han reducido sensiblemente la clientela», reconocen los agentes encargados de vigilar estos recintos comerciales. En el caso de Erandio se recibieron 94 denuncias por hurtos, muy lejos de las cifras de hace cuatro años, «cuando se superaban las 150 denuncias», según el responsable de Seguridad Ciudadana. También se produjeron tres detenciones de carteristas. Todo ello ha sido posible gracias a la presión ejercida por los dispositivos policiales tanto con agentes uniformados como de paisano que vigilan estos espacios comerciales destinados a complicar la actuación de los avispados amigos de lo ajeno.
El operativo en el mercadillo que ocupa una amplia lonja y los alrededores de la calle Kasune de Algorta, arranca a primera hora de la mañana los miércoles y sábados. Los agentes ocupan sus puestos cuando llegan las primeras furgonetas cargadas de mercancías, y se prolonga hasta las tres y media de la tarde, «tras comprobar que todo ha quedado en perfectas condiciones», señala Tomás, uno de los agentes a los que acompañó EL CORREO durante su jornada laboral. En estas ocho horas no tienen tiempo para aburrirse. Desde que empiezan a entrar los primeros visitantes, los especialistas del equipo de investigación desarrollan un arduo trabajo. Camuflados entre la clientela, no pierden ojo a todo lo que pueda acontecer a su alrededor.
Viejos conocidos
Su experiencia y memoria fotográfica les permite reconocer actitudes sospechosas o rostros conocidos de las fichas policiales. Otra de sus misiones tiene carácter preventivo, como alertar a una mujer si observan que lleva el bolso abierto o de manera poco segura. Además, mantienen una fluida relación con los vendedores y los vigilantes privados del recinto que «siempre nos pueden poner sobre la pista de algo sospechoso».
Uno de estos policías, que por razones de seguridad prefiere no facilitar su nombre, destaca que «las personas que hurtan aquí son casi todas mujeres; verdaderas profesionales a las que resulta muy difícil sorprender con las manos en la masa». Otra de sus características es su capacidad para camuflarse entre la multitud, «siempre bien vestidas para no levantar sospechas entre sus posibles víctimas». Además, disponen de vehículos de gran cilindrada con los que darse a la fuga.
Su modo de actuar es sencillo: aprovechan una aglomeración ante un puesto donde las personas están más despreocupadas rebuscando entre los objetos expuestos para «una de ellas aproximarse a su objetivo, abrir el bolso, sacar la cartera y pasársela de inmediato a su cómplice, que se aleja rápidamente con el botín para sacar el dinero y deshacerse del billetero», relata uno de los agentes.
De esta manera, si alguien se da cuenta de que ha sido víctima de un robo y retiene a la 'descuidera', «suele ser generalmente demasiado tarde, dado que ya no tienen el monedero robado en su poder y no se les puede acusar de nada. Así, aunque durante el registro encontremos una cantidad inusual de dinero, esto no sirve de prueba».
A veces, la actitud de estas ladronas delata si llevan algo encima que no es de su propiedad: «Si intentamos identificar a alguna sospechosa y no tiene nada, nos monta un 'pollo' ante toda la gente para dejarnos en evidencia». Esta actitud provocadora cambia radicalmente cuando la cogemos 'in fraganti'. Se entrega sin dar ningún problema», concluyen estos profesionales.