En 2006, Billy Spooner fue campeón del mundo de golf sub 9. Su padre, Andy, es un florista de Licolnshire (Inglaterra) con inquietudes deportivas. Ha dejado su negocio para velar por la carrera de su hijo. Le sirve de caddy y de entrenador. Ante las cámaras del Channel 4 británico, mientras Billy sujeta un palo, su padre le interroga:
- ¿De qué va esto del golf?
- De ganar.
- De ganar. Bien. ¿Y qué pasa con el segundo?
- Apesta.
- Apesta, ¿verdad? Odiamos a los segundones, ¿verdad?
- Sí; quedar segundo es peor que ser el último.
Luego, Andy ve cómo Billy golpea la bola e inquiere al reportero, ciego de pasión: «Mira lo bueno que es. Mira lo bueno que es el 'el hombre de hielo'». Su padre le ha colgado ese mote ('Iceman') y el hijo lo pasea orgulloso por el circuito infantil. Ambos creen que Billy Spooner llegará a convertirse en el nuevo Tiger Woods. Piensan que es solo cuestión de tiempo.
La cámara sigue la participación de Billy en el Mundial sub 11. El chaval se juega el título en el último hoyo, pero manda la bola al bosque. Su padre, caddy y entrenador estalla:
-Eres un torpe. No puedo creerlo. ¿Qué explicación tienes para esto?
-No lo sé.
-Vamos. Dame una explicación. No te vayas.
Billy, compungido y medio lloroso, se va. Ha quedado cuarto. El padre rumia su disgusto. «Deseo tanto que triunfe que hasta duele», musita. Al final, después de algunas idas y venidas, Andy abraza a su hijo.
El estilo de Mijail
Andy Spooner, quizá sin pretenderlo, lleva camino de unir su nombre al de algunos terribles padres que han martirizado a unos hijos demasiado prometedores. Las imágenes de Mijail Zubkov abroncando violentamente a su hija Katrina en los Mundiales de Natación de Melbourne (2007) dieron la vuelta al mundo. La Federación Internacional de Natación decidió entonces retirar la acreditación al padre y prohibirle la presencia a menos de 200 metros de su hija, de 18 años. Los motivos de la violenta discusión jamás fueron aclarados, aunque Katrina adujo ante la Policía que su padre le conminaba a que dejase a su novio. Otras voces sospecharon, sin embargo, que el altercado tuvo que ver con el bajo rendimiento de la nadadora ucraniana. Tiempo después, ambos hicieron las paces.
La australiana de origen croata Jelena Dokic todavía tiene más motivos para odiar a su padre, Damir. Jelena alcanzó las semifinales de Wimbledon con 17 años y logró situarse en la cuarta posición de la lista mundial, pero su vida privada era un infierno.
El temperamento volcánico de su padre, un antiguo soldado serbio, no le permitía disfrutar. Damir dilapidaba todo el dinero que su hija ganaba y, para colmo, la sometía a continuas vejaciones. Cuando finalmente Jelena se libró de él, el serbio cargó contra «Australia, el Vaticano y Croacia» por haberle «lavado el cerebro» a su hija. Damir amenazó con soltar una bomba en Melbourne y «matar» a todos los australianos. Acabó en la cárcel.