El malestar existente en el seno de la Ertzaintza por sus actuales condiciones laborales se visualizó ayer con una de las mayores manifestaciones en la historia de la Policía vasca. Alrededor de 3.000 agentes reclamaron en las calles de Bilbao la dimisión del consejero de Interior, Rodolfo Ares. En una plantilla de 8.000 personas, una movilización de este calado supone que la práctica totalidad de los ertzainas que no estaban trabajando en ese momentose encontraban en la capital vizcaína para reclamar un cambio en la política del Departamento de Interior.
La importancia de una marcha de este tipo radica también en los antecedentes históricos. La última vez que 3.000 agentes salieron a la vía pública para protestar contra la cúpula de Interior fue en abril de 2003. En esa ocasión, la concentración estuvo convocada por todas las centrales de la Policía vasca y se reclamaba, además de mejoras salariales, un aumento de las medidas de protección ante la ofensiva de ETA contra el Cuerpo. Ayer se movilizó la misma cantidad de policías, pero sin que ELA ni Comisiones Obreras participaran en la convocatoria -los organizadores fueron Erne, Esan, Sipe y Euspel- y sin la presión de la amenaza terrorista. Estas circunstancias supusieron que los convocantes se atribuyesen un éxito sin precedentes.
La manifestación tuvo un componente transversal. Erne, que en los primeros momentos del mandato de Rodolfo Ares vivió un momento dulce con la consejería, se ha convertido en los últimos meses en uno de los colectivos que ha lanzado los mensajes más radicales contra la política de Interior. Los responsables de esta central mayoritaria compartieron ayer pancarta con Esan, surgida de una escisión de ELA y que desde la llegada del PSE al Gobierno criticó los planes de Rodolfo Ares y censuró con dureza algunos de los cambios más simbólicos en la Ertzaintza, como la retirada de las 'ikurriñas góticas' de los uniformes. Esta mezcla de sensibilidades da una idea del malestar existente en la Policía vasca. Es cierto que pueden existir sensibilidades nacionalistas enfadadas con la estrategia de la primera consejería socialista que ha dirigido la Policía vasca, pero también existe un desencanto patente ante la lentitud en los cambios que prometió la cúpula de Interior al ocupar sus puestos.
Con independencia de los matices políticos, en la Ertzaintza existe el mismo tipo de crispación que se ha generado en otros colectivos de funcionarios por el recorte del sueldo aparejado a las medidas anticrisis del Ejecutivo. A este hecho se une que la carga de trabajo ha crecido en algunas de las comisarías más importantes de Euskadi. Esta suma de factores llevó a que ertzainas que salieron de su puesto a las siete de la mañana de ayer, tras una noche de trabajo, se dirigiesen hasta Bilbao desde puestos lejanos como Laguardia o Irún para poder estar presentes a las 10.00 horas en una marcha que finalizó ante la sede del PSE.
Segunda actividad
En un comunicado conjunto, los sindicatos insistieron en que el Departamento de Rodolfo Ares debe «negociar o dimitir». «Estamos hartos», insistieron los portavoces, que incidieron en uno de los asuntos que mayor enfrentamiento les ha generado con la consejería: el debate sobre la segunda actividad, la denominación de los puestos que se reservan para agentes veteranos o con problemas físicos para trabajar de manera activa en la calle. Las centrales acusan a la consejería de pretender eliminar este tipo de puestos en el borrador de Ley de Policía, lo que, en su opinión, conlleva imponer «unas condiciones que suponen la desaparición de un derecho que estaba pactado desde 1999». De cara al futuro, los organizadores de la marcha anunciaron que, si no se avanza en la negociación, se radicalizarán las posturas.
El Departamento de Interior guardó silencio sobre la manifestación y aplazó hasta hoy cualquier pronunciamiento, ya que está previsto que el consejero Rodolfo Ares haga una valoración de la protesta en una rueda de prensa en Bilbao. La consejería reiteró, eso sí, que sigue abierta al diálogo.