El Athletic recuperó ayer el pulso tras cuatro derrotas consecutivas. Se podría decir que el cielo se aclaró para los rojiblancos en el momento más indicado y ante el mejor rival posible: un Sevilla que ya le echaba el aliento y con el que habrá que seguir peleando hasta el final de temporada por un puesto en Europa. No están los hispalenses al nivel de otros tiempos, pero siguen siendo un bloque muy sólido y se supone que la fortuna no les será siempre esquiva. Ayer la tuvieron en contra ante un Athletic que vivió la experiencia contraria a la de su partido contra el Valencia. Entonces, la moneda cayó del lado ché. Al Sevilla, en cambio, todo le salió mal. Perdió a Negredo nada más comenzar, a Luis Fabiano en la segunda parte, se marcó el primer gol en propia puerta y el segundo lo regaló con un penalti absurdo de Escudé en el minuto 88. Demasiadas concesiones para un Athletic que batalló con su ardor de costumbre y, esta vez, supo economizar los esfuerzos.
El partido fue la riña intensa y apretada que se esperaba. A poco de comenzar, justo después de que Varas se luciese para desviar un remate de Llorente, Iraola y Negredo se dieron un testarazo de miedo en el área rojiblanca. Ambos quedaron tendidos en el suelo, pero el delantero del Sevilla se llevó la peor parte con una brecha que le acabaría obligando a abandonar el terreno de juego. El apósito que le colocaron en la cabeza por lo visto no servía, era necesario ponerle otro más consistente, y esa operación de enfermería requería de un tiempo que Gregorio Manzano no quiso afrontar con un hombre menos. El caso es que salió Kanouté, que cambió el dibujo del Sevilla al ponerse de media punta, y Negredo se fue pegando puñetazos a las puertas. La jugada vino a reflejar lo que sucedía en el campo, que no era sino un ir y venir de pelotazos en ambas direcciones, saltos y choques. Toda la primera mitad, de hecho, fue una interrupción continua, a lo que contribuyó el juego directo de los dos equipos y el concierto de silbato de Álvarez Izquierdo, que irritó mucho a las gradas.
Lesión de Toquero
Athletic y Sevilla se respetaban hasta un punto que ambos se obligaron a nadar y guardar la ropa. Sin concesiones. A diferencia de otros partidos, los rojiblancos no salieron al abordaje. Por momentos, hasta extrañó contemplar a Toquero no corriendo a todas como un miura, dosificando algunos esfuerzos y manteniendo la posición. Tuvo su guasa, por tanto, que el delantero de Ariznabarra sufriera precisamente ayer un tirón en la primera jugada de la segunda parte. Su lesión obligó a salir a De Marcos. En el banquillo no había otro recambio. Sobraban centrales, pero delantero específico no había ninguno. Caparrós no lo consideró necesario. Y lo cierto es que De Marcos le devolvió la confianza con algunas acciones de mérito y provocando el penalti del 2-0. El chaval tiene cuajo y volvió a aprovechar su oportunidad. Si no se ha convertido en el comodín predilecto del utrerano no le falta mucho.
La propuesta del Athletic, menos agónica que otros días, era entendible habida cuenta de las circunstancias y de los precedentes inmediatos. El equipo temía dejar demasiados espacios para las contras del equipo de Nervión y, por otro lado, quería llegar con aire hasta el minuto 90 o 95, como fue el caso. No estaban dispuestos a que les sucediera algo parecido a lo del Valencia. El Sevilla tampoco estaba dispuesto a hacer concesiones, sobre todo la de perder balones en el centro del campo -Medel no pareció un prodigio en la distribución- que permitieran el despliegue rápido del Athletic. De modo que la batalla fue de trazo grueso y el juego se fue apelmazando sin remedio. Las pocas ocasiones llegaron en remates a balón parado -Javi Martínez, Llorente y Kanouté pudieron abrir el marcador- y en disparos desde fuera del área, especialmente dos de Rakitic, casi consecutivos, al filo de la media hora.
El Sevilla comenzó avisando en el comienzo de la segunda parte con dos ocasiones de Kanouté, que estuvo en todas y en todas sin fortuna. El partido no cogió buen cariz para los rojiblancos, pero supieron resistir y volver a las andadas: al toma y daca entre dos equipos que sabían muy bien lo que se jugaban. Era un pulso muy equilibrado, de esos que pueden caer de cualquier lado. Por fortuna cayó para el Athletic, que en el minuto 65 se adelantó con un gol de Fazio en propia puerta tras un horrible intento de despeje. Con decir que en la jugada llegó a intervenir desviando el balón el propio Álvarez Izquierdo está todo dicho sobre el mal fario del Sevilla, que se lanzó al ataque y tampoco encontró fortuna. En realidad, encontró a Gorka Iraizoz, providencial en dos paradas a Kanouté. Tras la segunda, el Sevilla no llegó más y el Athletic, con Orbaiz y Gabilondo en el campo, no solo mantuvo el tipo hasta el final sino que redondeó la tarde con el segundo gol de penalti. Lo transformó Iraola, al que su vendaje en la cabeza, no le impidió dejar algunos de los mejores destellos de un Athletic que volvió a coger aire. Bien que lo necesitaba.