Que El Salvador, donde el 40% de la población vive en la pobreza, sea el tercer país más consumista del mundo llama la atención. Nayda Medrano dirige el Centro para la Defensa del Consumidor en el país centroamericano. Trabaja por crear una nueva conciencia hacia un consumo responsable, crítico y solidario. No es partidaria de los mensajes fatalistas, pero tampoco duda en afirmar que «el planeta no aguantará otros 25 años a este ritmo». Es el mensaje que ha lanzado en Vitoria, donde ha participado en unas jornadas invitada por la ONG Setem.
-Que en un país latinoamericano como El Salvador se estén planteando un consumo responsable puede sorprender a más de uno.
-Quizá, pero el debate surge tras constatar una realidad que chirría: el 40% de la población vive en la pobreza y, sin embargo, es el tercer país consumista del mundo. Algo falla. ¿Cómo es posible?
-¿Y a qué conclusión han llegado?
-Que hay que cambiar la lógica con la que funciona el consumidor.
-¿Cuál es la fórmula?
-Tenemos que hacer autocrítica y preguntarnos, por ejemplo, cómo es posible que una mujer que trabaja en una maquila y gana 150 dólares al mes destine un porcentaje importante de su salario a recargar el teléfono. ¡Y que lo vea necesario!
-¿Ya han empezado ese camino?
-Sí, tras un año de trabajo, en el Centro de Defensa del Consumidor tenemos un plan de sinergias.
-¿Sinergias?
-Mundialmente estamos acostumbrados a comprar un producto y no preguntarnos nada más, ni de dónde viene, ni en qué condiciones se ha fabricado. Buscamos que el consumidor se haga esas reflexiones y se dé cuenta de que tiene la capacidad de optar por una relación directa con el productor, como en las cooperativas agrícolas.
-El modelo de cooperativas, ¿también funciona en El Salvador?
-Vamos caminando. Hay una zona muy golpeada por la Guerra Civil que ha empezado a generar circuitos de empresas solidarias cuya plusvalía se destina al desarrollo local y humano.
Rescatar la agricultura local
-Alentador&hellip
-Desde luego, es crucial rescatar la agricultura local. Antes, en El Salvador, más del 70% de la producción se generaba en el país. Ahora necesitamos comprar el 60% de lo que consumimos.
-¿Este es el mensaje que ha traído a Vitoria?
-He venido invitada por Setem, una asociación europea que, curiosamente, trabaja desde la misma perspectiva que nosotros, cuando es palpable que nuestras realidades sociales son muy distintas. Traemos la propuesta y el debate. Sin más.
-Pero el cambio no es de hoy para mañana.
-No, sabemos que es a largo plazo.
-Aquí, en Europa, luchar contra la comodidad es muy complicado.
-Cierto, es mucho más difícil buscar una alternativa de consumo distinta, cuando tienes tus necesidades básicas cubiertas. Pero cada vez más europeos practican ese consumo responsable. Lo más curioso es que en El Salvador pasa lo contrario y hay muchas personas que no tienen agua, luz o teléfono y gastan un importante porcentaje de su presupuesto en Coca-Cola.
-Con las todopoderosas multinacionales hemos topado.
-Es difícil luchar contra ellas. Es más sencillo ir a un supermercado que ordenar cada pocos días una canasta básica de alimentos.
-¿Y cómo se anima al consumidor a ser activo?
-Estoy convencida de que quien no se mueve, lo hará cuando exista una acción colectiva que le afecta.
-Se acaba el agua y la madera, el plástico nos va a ahogar&hellip ¿Sólo funcionamos con mensajes de este tipo para reaccionar y cambiar?
-Yo defiendo que no es necesario recurrir a la frase fatalista para remover conciencias. Pero la realidad está ahí. La cantidad de contaminantes generados por el consumismo desaforado nos pasará factura.
-¿Hay remedio?
-Creo que estamos a tiempo. Pero el actual modelo mundial de consumo es inviable. El planeta no aguantará otros 25 años con este ritmo. Por ello, busquemos alternativas. Hay que moverse&hellip y tirar. Si no lo haces tú, lo haré yo, pero que sepa la gente que tú no lo haces.