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La Religión divide a las aulas

EDUCACIÓN

La Religión divide a las aulas

Profesores de enseñanzas religiosas denuncian «coacciones» a las familias para que no elijan esta asignatura

21.02.11 - 02:48 -
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Apenas la mitad de los escolares vascos de Primaria y Secundaria -en el caso de la enseñanza pública la proporción cae a tres de cada diez- da clase de Religión, una asignatura de obligada oferta para los centros pero de voluntaria elección por parte de las familias. En el caso del Bachillerato, la presencia de esta materia en la red dependiente de la Administración es casi testimonial y, según los últimos datos del Departamento de Educación, apenas la cursa el 2,5% del alumnado. En Euskadi, el goteo de bajas, lento pero constante, ronda el 7% de la población escolar en la última década. Según la Conferencia Episcopal, las deserciones a las enseñanzas de la Biblia y el Catecismo superan el medio millón largo de alumnos en el último decenio.
El debate sobre si es necesario o no el divorcio definitivo entre escuela y religión se ha reactivado en las últimas semanas en Euskadi, coincidiendo con el periodo de prematriculación para el próximo curso 2011-2012 que concluyó hace unos días. En pleno proceso de inscripción, la Asociación de Padres de Alumnos de la Escuela Pública Vasca (Ehige) lanzó una campaña con el propósito de sacar la asignatura del horario lectivo. Según sus argumentos, «la gran mayoría» de las familias de la red que opta por los centros públicos -en concreto, el 67% de Primaria y el 79% de Secundaria- se ha decantado por no matricular a sus hijos en Religión «pero se han visto obligadas a cursar una asignatura que no han elegido, Actividad Educativa Organizada (AEO)». La asociación, que defiende una escuela laica, envió un documento a las asociaciones de padres de centros públicos en el que recordaban que si ningún niño elegía Religión en el aula, esas horas podrían dedicarse a reforzar material de currículum. «Como indican los resultados de las evaluaciones diagnósticas y PISA, el alumnado necesita más tiempo para asimilar los contenidos de las materias obligatorias comunes», razonan.
Pero, a juicio de la agrupación de profesores de Religión Erelgune y del foro de familias Bagara, este argumento es «falso» y está siendo utilizado como arma para «coaccionar» a los padres a no seleccionar esta asignatura a la hora de formalizar la matrícula. Según recuerdan, la LOE establece que los alumnos que no den Religión en la enseñanza obligatoria deberán recibir la «debida atención educativa» que, en ningún caso, comprenderá materias del currículum para no discriminar a los que sí opten por cursar la enseñanza confesional. En Euskadi, el Departamento de Educación ha admitido una excepción: en el caso de que no exista ninguna demanda en un aula, no cabe discriminación posible y por tanto puede dedicarse ese tiempo a reforzar Matemáticas o idiomas.
Pero el hecho de que un solo niño se apunte a Religión obliga a todos los demás a dedicar esas horas a dar la irrelevante AEO. «Nos consta que en muchos centros se presiona a las familias para que desapunten a sus hijos con el argumento de que están impidiendo que el resto del aula pueda dedicar más horas a las materias de las consideradas 'importantes'. Hay padres que no soportan esa presión y retiran la inscripción», apuntan desde Erelgune, que anima a docentes y familias a «denunciar estas irregularidades ante las delegaciones territoriales de Educación».
Quince anulaciones a la vez
Según los profesores, hay centros que van más lejos hasta el punto de «incumplir la normativa. A la hora de la prematrícula, algunos colegios han repartido un escrito interno en el que no se oferta Religión, a pesar de que están obligados a ello». En otros casos, denuncian, se han llegado a poner en contacto con las familias para tratar de desanimarlas. «En un centro, quince padres anularon su inscripción a la vez. Está claro que algo había pasado», sostienen.
Este «maltrato» a la asignatura y la constante fuga de alumnos preocupa, y mucho, en los obispados vascos. Las tres diócesis han terciado en el debate con una carta, titulada 'Escuela y Religión se encuentran', en la que en tono conciliador animan a cursar una materia que «tiene plena actualidad dentro de una escuela abierta, plural, integradora de culturas, saberes, valores e inquietudes». «Sabemos que se están produciendo situaciones anómalas, que hay centros que están desanimando a las familias con datos que no son objetivos», reconoce la delegada de Educación de la diócesis de Vitoria, María Teresa San Martín.
Estas situaciones han tensado aún más las frías relaciones entre los responsables eclesiásticos y el Gobierno vasco, que han encontrado en la asignatura de Religión un escollo a superar. Los obispos vascos están aún pendientes de la resolución al recurso judicial que presentaron en 2009 al decreto de Bachillerato que, bajo el mandato del anterior consejero, Tontxu Campos (EA), eliminó la asignatura alternativa a las enseñanzas religiosas. Una medida que provocó un auténtico estampido de la clase de Religión en esta etapa postobligatoria: los alumnos que no la eligen se van antes a casa, una tentación demasiado apetecible.
El pasado verano, durante la misa por la festividad de san Ignacio, unas críticas lanzadas por el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla al sistema educativo vasco y a la pérdida de valores en la enseñanza provocó que la consejera Isabel Celaá pidiese una reunión urgente con el prelado. Responsables de Educación admiten que han recibido quejas de los obispados ante la existencia de colegios que no ofertan la asignatura. «En esos casos, recordamos a los centros su obligación de cumplir la ley», apuntan fuentes oficiales.
La polémica sobre la asignatura de Religión también ha llegado al Parlamento de la mano de Aralar, que ha registrado una proposición no de ley en la que aboga por una enseñanza pública «sin educación religiosa alguna». En su iniciativa, la formación solicita la derogación «inmediata» del Concordato entre España y el Vaticano, firmado en 1979, y que obliga a impartir clases de religión dentro del horario lectivo. «La escuela no está para dar religión», opina el parlamentario Mikel Basabe.
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