Mari Jungstedt (Estocolmo, 1962) es una enamorada de Donosti. Su hijo de 17 años se llama Sebastián porque una jovencita Jungstedt quedó prendada de la playa de la Concha en uno de sus primeros viajes por Europa. Pero es que la suya es una vida marcada por los flechazos: el amor es la principal razón por la que ambienta sus novelas en la isla sueca de Gotland. La isla la embelesó cuando era una niña y de mayor enloqueció por un hombre nacido allí. Hoy es su marido y padre de sus dos hijos.
La escritora presentó ayer en el marco de la semana BCNegra en Barcelona 'El arte del asesino' (Maeva), la cuarta entrega de la serie policíaca protagonizada por el comisario Anders Knutas y el periodista Johan Berg, con la que ha vendido más de un millón y medio de ejemplares en Suecia. Reconoce entre carcajadas que le hace «especial ilusión» que sus libros se traduzcan al español porque siente que «es una española con cuerpo de sueca». Habla un fluido castellano y en el trato muestra una personalidad desbordante. Apasionada, risueña. Cien por cien latina.
En 'El arte del asesino' el comisario Anders Knutas deberá investigar el misterioso asesinato de un reputado galerista, cuyo cadáver aparece colgado de una muralla en una gélida mañana de invierno. La trama vuelve a situarse en Gotland, como en los anteriores libros de la serie. Para la escritora, la isla es ideal para trasmitir esa «sensación de claustrofobia» que requiere un relato policíaco. La fuerza de su enigmática naturaleza es un plus añadido para estas historias de suspense psicológico. Por sus páginas desfilan despiadados asesinos, espeluznantes crímenes y raudales de sangre, pero también mensajes «más profundos» que subyacen bajo la absorbente trama novelística. Porque a Jungstedt le interesa «hablar de las relaciones humanas». En especial, hay un tema que le interesa «de forma muy marcada» y que conforma el hilo narrativo de la serie policíaca: la «fragilidad de la niñez» y «cómo nos afectan las experiencias que vivimos en esa etapa de nuestras vidas en la edad adulta».
«Hay que escuchar a los niños»
De hecho, reconoce que escribe por una brutal experiencia que vivió en la infancia. «De niña sufrí acoso escolar y eso me marcó de por vida. Es la fuerza impulsora de mi escritura». Tras ese desagradable episodio perdió la confianza en sí misma y sintió que «en esta vida no podía confiar en nada ni en nadie». En casa las cosas también andaban mal. Su padre era alcohólico, presenciaba infernales peleas entre sus padres. Le faltó el apoyo de una persona adulta que quisiera escuchar sus problemas.
Por eso ahora insiste, a través de su literatura, en que «es muy importante escuchar a los niños. Demostrarles que no están solos y que pueden contar contigo cuando tienen problemas». Jungstedt, uno de los referentes del 'boom' de la novela negra sueca, cree que las razones para este éxito hay que buscarlas en los «elementos de crítica social» que han sabido introducir sus autores en las tramas policíacas, y también en que «han mostrado que Suecia no es tan idílica como muchos piensan».