Transponder (transpondedor). Dispositivo utilizado en telecomunicaciones que fusiona en su denominación sajona los términos ingleses 'transmitter' (transmisor) y 'responder' (contestador o respondedor). Vital para mantener contacto desde una aeronave con tierra para trazar el plan de vuelo. Otro elemento más. Ayer, curiosamente, reñido con el reto de Óscar Ayala y Eduardo Losada que, condicionados por el problema técnico que comenzó a sufrir el trasto, tuvieron serios problemas para mantener conexión directa con las torres de Vitoria, Madrid y Talavera antes de acceder al cielo del sur de la Península y dirigirse hacia el Atlátinco con su globo aerostático.
Menos determinante, en todo caso, que la ausencia de viento en las capas superiores de la atmósfera donde confiaban en recibir un arreón que les arrastrase, de norte a suroeste, a una velocidad media de 90 kilómetros por hora, con impulsos puntuales de hasta 115. Es lo que encontraron a más de 12.000 pies tres años atrás, cuando afrontaron por primera vez esta misma travesía.
Pero el viento, imprescindible para la navegación, pausó su latigazo a 4.000 metros de altitud y solo ofreció algo de colaboración, insuficiente en todo caso, en capas inferiores próximas a los 3.500 metros, por donde se movía en la dirección deseada, pero nunca a más de 50 kilómetros hora, lamentaban al unísono los dos pilotos riojanos embarcados en el globo Arcoiris.
«Yo no envié mis barcos a luchar contra los elementos», se dice que sentenció Felipe II tras conocer que el viento y las fuertes marejadas del Mar del Norte habían destrozado por completo la Armada Invencible enviada por el monarca español para invadir el reino de Inglaterra.
Paradójica ausencia de elementos en este caso. Y complicaciones con denominación anglosajona.
Pie a tierra. Renuncia a la apuesta dos horas y cuarto después de deplegar el velamen de la nave jarrera sobre el parque de El Mazo, en las inmediaciones de Salas de los Infantes, localidad burgalesa a la que se asomaron después de superar las crestas de la Sierra de la Demanda, tal y como estaba previsto, sobre un manto de algodón que ocultaba al resto del mundo un secreto hecho de luz.
A ese ritmo, reconoce Losada, «no hubiéramos podido llegar a destino». Para mantener colgados, sin moverse apenas, sobre los cielos habrían consumido las doce botellas de combustible que ocupaban buena parte del interior de la cesta. Trece si se computa la que consumieron en pleno casco urbano de Haro para rellenar su globo de un soplido enérgico de aire caliente que templó la mañana, gélida.
«No pasa nada. Hace tres años tuvimos todo a favor y solo nos faltó algo más de gas. Hemos adquirido más experiencia y además seguimos teniendo un objetivo», proclamaban. «Sabemos lo que queremos conseguir».