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La celda de una cartuja de Mallorca en que vivió Chopin un invierno no es la que se muestra a los turistas, según sentencia una jueza

01.02.11 - 02:34 -
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El pianista polaco Fréderic Chopin vivió un invierno con la escritora francesa George Sand en una celda de la cartuja mallorquina de Valldemossa, pero no en la que visitan los turistas; tampoco tocó jamás el piano que se exhibe en ella; entre otras razones, porque ni siquiera existía cuando el genial compositor visitó la isla. Así lo indica una sentencia de un juzgado de Palma, en respuesta a la demanda presentada por la dueña de la celda número 4 de la cartuja contra la sociedad propietaria de la celda número 2, que es la que se abre al público como aquélla en la que el músico, su compañera y los hijos de ésta vivieron del 15 de diciembre de 1838 al 11 de febrero de 1839, una experiencia que Sand relata en su libro 'Un invierno en Mallorca'.
Según la sentencia, fue en la celda número 4 -numerada en la época como la 3- donde realmente moró el artista, por lo que exige a la propietaria de la número 2 -antiguamente la 1- que deje de publicitar la suya. El juez condena también a los demandados a que publiquen la corrección del número de celda en periódicos y la difundan por instituciones y asociaciones, y a que retiren el piano actualmente en exposición.
Para probar esta controvertida cuestión, la titular del juzgado de lo mercantil número 2 de Palma se basa en cartas de la época, dibujos y testimonios. La jueza destaca el valor probatorio de varias cartas del hombre que ocupó la celda antes que la familia Chopin, Ignacio Durán, una misiva de la propia George Sand, y dos del banquero que cobró a Sand el alquiler de la celda.
En una de las cartas, Durán pide al banquero que localice al propietario de la «celda número 3», un cura de la iglesia palmesana de San Nicolás, y luego, en otra, indica que «una señora francesa» podría comprarle los muebles que había acumulado en la celda cuando vivía en ella. En otros documentos, el banquero anota la venta del mobiliario. Sand, por su parte, describe a una condesa por carta cómo era la celda, «de tres habitaciones y un jardín lleno de limoneros», descripción que coincide con la actual número 4.
También se basa la sentencia en los paisajes que dibujaron George Sand y su hijo Maurice desde la celda, uno de los cuales, realizado por el niño, sólo pudo dibujarse desde la número 4, tal y como comprobó in situ la propia jueza y corroboraron luego los peritos. Todas estas pruebas acreditan «totalmente» que la auténtica celda de Chopin fue la 4, algo que «no sólo ha provocado durante un siglo entero (desde 1910) error en el consumidor, sino que además ha creado confusión en los visitantes», dice la jueza.
Respecto al piano que la demandada debe retirar, expuesto como el que tocó Chopin en su día y al que se refirió como el «pobre piano mallorquín», la sentencia concluye que no es contemporáneo del artista y fue construido en los años 50 del siglo XIX, al menos una década después de su paso por la isla. Chopin fue un pianista excepcional, pero no hasta el punto de tocar en un piano inexistente.
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