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¡Que nos lo aclare!

Álex de la Iglesia debería explicar lo que piensa sobre la 'ley Sinde' y su opinión sobre la protección de los derechos de autor

30.01.11 - 02:41 -
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Anadie le importa si Álex de la Iglesia tenía estrés cuando dimitió o si acaso fue su pronto twittero el que reflejó como un espejo su malestar existencial con la ministra. Porque lo realmente importante no es la dimisión y las circunstancias personales, sino lo que piensa y pensaba sobre la 'ley Sinde' el que todavía representa hasta la noche de los Goya al conjunto de los profesionales del cine español. Más aún, la opinión del todavía presidente de la Academia sobre la protección de los derechos de autor resulta fundamental, a la vista del creciente pirateo que sufre el cine. ¿Se ha convertido Álex de la Iglesia al radicalismo de esos cibernautas que defienden el todo gratis? ¿Estará realmente en contra de una norma mucho más light que la aplicada en otros países europeos? Pues son preguntas de difícil respuesta, ya que Álex de la Iglesia se ha comportado como Peter Sellers en el papel de Mr. Chance, diciendo nada o poco y encima de forma ambigua, con lo cual las interpretaciones son múltiples. Por ejemplo, suya es la afirmación de que las intervenciones judiciales planteadas en la ley no son ágiles. Y, ¿qué quiere decir eso? ¿Será que está a favor de una justicia express contra los piratas? Pues eso no es ir en contra de la 'ley Sinde', aunque también haya afirmado que la comisión de la propiedad intelectual ha de ser un órgano administrativo y no decisorio. ¿Decisorio? Pero si en la 'ley Sinde' quien decide al final siempre es el juez. No será, entonces, que Álex de la Iglesia no se ha enterado de nada. Pues quizás, quizás. ¡Que se tome el vodka con limón y nos lo aclare con el twitter!
Tabakalera
Cascada de ocurrencias
Lo de Tabakalera ya no es un proyecto o un contenedor de ideas, como le gusta decir al viceconsejero Rivera, sino una gigantesca cascada de ocurrencias distintas, distantes y dispares. Lo digo ahora, otra vez, porque al candidato del PNV a la alcaldía donostiarra, Eneko Goia, no se le ha ocurrido mejor idea que la de plantear la integración de la estación del AVE en Tabakalera, ligándola también a la nueva parada de autobuses de Atotxa. Es decir, por si ya fuera poco que Odón Elorza quiera de forma difusa para Tabakalera su consagración como sede de un centro para la cultura audiovisual o que alguien también pretenda trasladar allí la sala Kubo-Kutxa o, incluso, que ya esté claro que el edificio albergará la Filmoteca Vasca y el Instituto Etxepare; pues ahora resulta que en la campaña electoral también se planteará su uso complementario como terminal de autobuses y trenes. No está mal el chiste, sobre todo cuando hacía pocas semanas que las instituciones representadas en Tabakalera habían terminado lo que se ha llamado un proceso de reflexión para definir el futuro del centro, su dimensión y su financiación. Es verdad, sí, que la nueva propuesta se refiere a 5.000 metros cuadrados de unos espacios que todavía no tienen asignados usos concretos. Y también es cierto, claro, que semejante ocurrencia no tiene muchos visos de prosperar. Pero el problema no es ese, sino la incoherencia de los políticos y la falta de una definición uniforme y constante para el proyecto, razones suficientes que no sólo explican la zozobra permanente de Tabakalera, sino también la avalancha de ideas tan irracionales como pintorescas.
Arte
Delirante fiscalidad
Que el arte de vanguardia no gusta a todo el mundo es cosa ya sabida. Lo que ya es más novedoso, sin duda, es que su fiscalidad dependa del entendimiento o del gusto de algunos funcionarios. Les pongo un ejemplo sorprendente, revelado estos días en las páginas de la publicación 'The Artnewspaper'. Resulta que la Comisión Europea estima que las obras de los creadores Dan Flavin y Bill Viola no pueden ser consideradas como arte a los efectos de gozar de un tipo reducido de IVA. Para el Ejecutivo comunitario, mientras que las instalaciones minimalistas y con neones de Dan Falvin son «un montaje que utiliza tubos fluorescentes», las del videoartista Bill Viola son sólo «vídeos que utilizan proyectores y una pantalla», lo cual hace que no puedan ser asimilados por los materiales que emplean a la categoría de esculturas. Al no ser obras de arte, el tipo de IVA que se les aplica es el máximo, en concreto el 20% en Inglaterra, frente al reducido del 5% con el que se benefician en ese país los productos considerados como artísticos. Evidentemente, de nada sirve que Dan Flavin y Bill Viola sean dos reputados artistas con elevadas cotizaciones en el mercado y hasta con presencia presente y pasada en muestras y colecciones de los más importantes museos del mundo. Visto lo anterior, no sé qué pensarían Duchamp y Picasso si los burócratas de Bruselas les aplicaran el tipo máximo de IVA por considerar que el urinario del primero era sólo eso, un urinario; o las cerámicas realizadas por el segundo en Vallauris sólo platos para comer el cocido o la paella. Surrealista, sí.
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