Cuando uno se enfrasca en obras en casa parece que nunca va a llegar el momento de ver todo terminado. Si se trata de la reforma integral de un barrio, el final resulta todo un alivio. Y si hablamos de Monte Caramelo, donde sus pacientes vecinos llevan reclamando esas mejoras durante décadas, el momento de la inauguración adquiere un sabor dulce, entrañable y casi histórico. El Ayuntamiento de Bilbao dio ayer por finalizada la operación de cirugía urbana que ha devuelto a los montaraces habitantes de esta apartada zona del botxo las ganas de presumir de barrio.
Tras casi ocho meses de trabajos por parte de los operarios del área de Obras y Servicios del Consistorio bilbaíno y una inversión de 2,2 millones de euros a cargo del Fondo Estatal de Inversión Local, Monte Caramelo ha visto la luz. Las imposibles cuestas de tierra, las empinadas escaleras y las estrechas calles que definían el barrio han pasado a la historia. Caminos pavimentados, escaleras accesibles, relucientes barandillas, zonas de juegos infantiles, nueva red de saneamiento y el soterramiento de la red eléctrica han recogido el testigo y han convertido la zona en un privilegiado balcón con vistas a Bilbao.
«Una necesidad»
La densa bruma que se posó ayer sobre Bilbao hacía que desde allí arriba fuera complicado reconocer San Mamés y de la Torre Iberdrola apenas se podía intuir su silueta. Sin embargo, el entusiasmo de los vecinos bastaba para que la villa reluciera a sus pies. «Estamos muy contentos. Nunca antes había estado tan bonito, pero le hacía mucha falta», asegura Ermitas, que lleva «40 y muchos años» viviendo en Monte Caramelo. «Es una maravilla. Esto demuestra que haber luchado tanto ha merecido muchísimo la pena», resumía emocionada Lía, desde su puerta mientras veía desfilar a la corporación por la calle. El alcalde, Iñaki Azkuna, no se quiso perder el momento. «Ha costado, pero ya está. Aunque no se habría podido hacer sin el apoyo de los vecinos, que nos han ayudado mucho», reconoció. Mila Rico sabe muy bien de qué hablaba el regidor. Ella ha actuado como portavoz de los vecinos y ha trabajado codo con codo con los técnicos municipales. «No sólo ha quedado más bonito, para nosotros era una necesidad, porque antes ni siquiera podían pasar las ambulancias».
A pesar de que todo eran alabanzas para el equipo de gobierno que ha hecho posible «el milagro», algunos vecinos recordaban que todavía quedan remates para que Monte Caramelo luzca en perfecto estado de revista. La llegada del bus y la instalación de nuevos aparcamientos a la entrada ya están al caer. «Hacen mucha falta, somos muy mayores y ya no podemos subir y bajar la cuesta hasta la parada como antes», reclaman. Otros van más allá y solicitan que el Consistorio agilice los trámites para que sus casas puedan estar en regla.