Recibir el título de Capital Verde Europea para el año 2012 tiene un algo de honor y un mucho de responsabilidad. Ya ahora, pero más dentro de un año, Vitoria estará en el punto de mira de todo el continente, será estudiada como referente ecológico y estará expuesta a que le saquen los colores por sus flaquezas. Así que es el momento de borrar del mapa esos puntos débiles.
La joya de la corona, la referencia ecológica de Vitoria, es el anillo verde. Pero no es tal, porque tiene fisuras. Quince años después de que se acuñase el concepto, la capital alavesa aún no ha sido capaz de cerrar el círculo de vida que abraza a la ciudad. De las 1.010 hectáreas que debería ocupar la red de parques periurbanos y sendas verdes, hoy están culminadas sólo unas 585. Es decir, queda pendiente de acondicionar casi la mitad.
Un paseo por esos más de veinte kilómetros que rodean la capital alavesa revela las carencias. Comenzamos la ruta en Eskalmendi. Donde confluyen los ríos Zadorra y Alegría encontramos el primer punto negro: el campo de golf ha invadido la importantísima conexión entre los los dos cauces. Por lo demás, aquí arranca la vía verde del ferrocarril Vasco Navarro y es un ejemplo de lo que debe ser el anillo verde. Está culminado el acondicionamiento paisajístico e hidrológico que ya ha demostrado su efectividad con las riadas y en la caminata hasta el puente de Gamarra alisos, sauces y fresnos conforman un formidable bosque de ribera.
Desde Gamarra a Abetxuko el paisaje final está incompleto. En la margen izquierda no hay pegas porque las sendas y el entorno se adaptan al caminante. Hay zonas de esparcimiento y se suceden fresnos, sauces y una vegetación autóctona. Pero la ribera derecha, la más alejada de Vitoria, aún espera el acondicionamiento hidrológico para evitar los efectos de las crecidas del Zadorra.
Llegamos al tramo entre Abetxuko y Asteguieta. El primer problema lo encontramos en el puente sobre el río de la autovía que llega de Altube. Cuando fue construida esta infraestructura se cortó un meandro y aquí son frecuentes las inundaciones. Igual que en el resto del recorrido hacia el Norte, que limita el barrio de Lakua. En este tramo se repite la situación del anterior: en la margen izquierda hay miradores y sitios apacibles, paseos para reencontrarse con el río, praderas y flores en primavera; al otro lado del cauce están las tierras de cultivo que siguen esperando un tratamiento hidrológico para evitar las avenidas. También hay pequeñas joyas casi desconocidas pero de brillo imponente, como el robledal de Gobeo.
Una vez que llegamos a Asteguieta nos encontramos con la gran parcela próxima al antiguo Eroski que formaba parte de un gran meandro arrebatado al Zadorra y que es zona inundable. En las proximidades, el Centro de Estudios Ambientales (CEA) tiene previsto actuar para ampliar la mancha verde.
En cualquier caso, ahora se puede continuar el recorrido pasando por debajo de la avenida de los Huetos y llegar a la conexión entre el parque fluvial del Zadorra y Zabalgana. Más problemas. Desde hace tiempo se espera un paso elevado sobre el ferrocarril para los peatones, un cruce en condiciones en la calle de Zurrupitieta y la continuidad verde por esta arteria.
Un bosque isla
A dos pasos está el parque de Zabalgana, y aquí nos reconciliamos de nuevo con la naturaleza y su reflejo en las balsas de agua. También con nuestro pasado, porque junto a Zuazo se puede disfrutar de lo que es conocido como un bosque isla: tiene categoría de lugar de interés comunitario (LIC). Hablamos de pasado porque esta masa de árboles es uno de los pocos ejemplos que quedan de lo que históricamente fue la Llanada alavesa, un inmenso bosque con varias especies diferentes de robles como el quejigo o el 'quercus robur', pródigos en oxígeno y fauna.
De Zabalgana a Armentia volvemos a pisar la dura realidad. El anillo se rompe de nuevo. Eso sí, está prevista la creación de un corredor verde y la construcción de una pasarela peatonal elevada sobre la carretera N-102. Para esto último ya se ha consignado una partida de 1,5 millones de euros en los presupuestos del Gobierno vasco de este mismo año.
Al otro lado de la carretera, tras recorrer unos 400 metros entre quejigos y los ecos del tráfico, llegamos al remanso espectacular que se llama bosque de Armentia. Para muchos, una de las principales joyas del anillo verde tanto por su extensión como por su riqueza natural. También es la menos conocida. La sombra fresca no tiene interrupción hasta las laderas de los Montes de Vitoria, y eso convierte a esta masa forestal en un corredor natural para todo tipo de especies animales.
Futuro incierto
Pero no hay tiempo para desviarse tanto. El paseo debe continuar en dirección a Olárizu. Y entre Armentia y este punto está el principal 'pinchazo' del anillo. En este abismo yermo emergen las graveras de Lasarte y El Batán, los ríos del Sur siguen indómitos a la espera de actuaciones que impidan inundaciones y el suelo es un bien codiciado -lo era aún más antes de la crisis- para levantar viviendas. Por aquí debería continuar la senda ecológica, pero aún no se ha definido cómo hacerlo.
Sí está previsto un proyecto ambicioso del que no se tienen noticias: el parque de Lasarte, que hoy es un vertedero. El espacio verde no sólo cumpliría con la función de acoger vida animal y vegetal, sino que incluiría varias balsas de laminación para aliviar los ríos del Sur en caso de crecidas.
Tras esta montaña rusa entre el verde y el gris, alcanzamos otro icono que se llama Olárizu. Aquí está la Casa de la Dehesa, sede del Centro de Estudios Aambientales. Hay huertas ecológicas, campas, mantos de hojas secas que crujen en otoño, y crecen especies arbóreas de toda Europa en lo que será el segundo mayor jardín botánico del norte de España -sólo el de Gijón le superará-. Olárizu también es uno de los últimos reductos donde pueden encontrarse robles centenarios.
Pero estamos en una isla. Porque si se continúa el recorrido hacia Salburua volvemos a perder la referencia verde. Será fundamental aquí la reurbanización del barrio de Errekaleor, para el que ya hay un proyecto con olor a clorofila, y la recuperación del cauce del río que lleva ese mismo nombre. Por sus riberas se llega al futuro mirador del anillo, el cerro de Las Neveras, un punto delicado porque las obras que allí se acometen 'muerden' sus laderas y no gustan a un buen número de expertos.
La postal
Luego está Salburua, con sus humedales, sus puntos de observación ornitológica, su centro Ataria, sus ciervos... La postal de la Vitoria verde. El cierre perfecto para un recorrido algo bipolar, pero con muchas posibilidades.
Bueno, no. El anillo continúa por la ribera del río Alegría hasta llegar, otra vez, a Eskalmendi. Esta última etapa es un ejemplo de cómo una buena actuación hidrológica puede conjurar de manera solvente el riesgo de inundaciones. Desde que se llevó a cabo la obra, a principios de la década que acaba de terminar, los polígonos de Betoño y Gamarra no han sufrido los envites del agua.
Ya estamos en el punto de partida tras una caminata de más de veinte kilómetros que abraza a Vitoria. Sólo falta que se convierta en un corredor verde con vocación no sólo de paseo sino de lugar de vida. Sin fisuras, sin muros de hormigón.