De madrugada y con varias copas de más, Víctor Manuel Gómez Rivero embistió con su coche a más de 100 kilómetros por hora contra un grupo de personas en el exterior de una discoteca de Huesca, la sala Manhattan. Murieron dos jóvenes y otros ocho resultaron heridos. El juicio contra el único acusado de este doble crimen arrancó ayer en Huesca, con la declaración del imputado, que admitió la autoría de los hechos. «Aceleré y no vi las señales», reconoció, «pero no quería matar a nadie». Familiares de las víctimas le recibieron en la sala con gritos de «asesino». El fiscal pide 34,5 años de cárcel y una indemmización de 600.000 euros.
Gómez Rivero, de 25 años, reconoció que aquella noche de julio de 2007 había consumido alcohol y drogas. Sobre la medianoche, de acuerdo al relato que se pudo conocer ayer en la vista oral, intentó acceder a la discoteca Manhattan, ubicada en un polígono industrial de las afueras de Huesca. El portero no le dejo entrar porque iba vestido con un chandal. El joven aseguró que le dio «igual» y que no discutió por ello con el portero.
Lo cierto es que el joven se dirigió a otro local, el pub Cube de Huesca, donde consumió tequila y cervezas. Posteriormente, sobre las 3.30 horas de la madrugada, acudió con dos amigas a las fiestas de la localidad de Grañén. Allí estuvo hasta las seis y tomó según su relato dos cubatas y cinco botellines de cerveza. «Después de beber todo esto, estaba en condiciones más o menos», dijo al tribunal. Además de estas cantidades de alcohol, admitió que consumió éxtasis y hachís. El periplo del joven no terminó ahí. Regresó a Huesca en su coche y se dirigió junto a un amigo de nuevo a la discoteca Manhattan.
Cuando llegó a las inmediaciones del local comenzó a acelerar el coche «y en el estado en que iba no vi las señales», admitió. En ese punto, una señal avisa de la existencia de una curva peligrosa y de un límite de 40 kilómetros por hora. Entró a más de 100. «Todo pasó muy rápido y el coche se me fue», recordó ayer, pero «del momento de la colisión no me acuerdo». Gómez Rivero dio positivo en la prueba de la alcoholemia -0,70 miligramos por litro de aire expirado- y también en consumo de drogas. El atropello causó la muerte en el acto a Ángel Javier Pérez, de 40 años. Benito Joaquín Ríos, de 27, falleció de camino al hospital. A uno de los heridos hubo que amputarle las dos piernas.
El presunto homicida se mostró arrepentido por su acción. Varios de los testigos que declararon ayer ante el tribunal recordaron el «intenso chirrido» que acompañó al choque y que vieron «personas y cosas volando» después de la embestida del coche del imputado, que circulaba «sin control y a una velocidad temeraria».