Debía ser un poco antes de la Navidad cuando Carlitos Bradack, corresponsal de 'Diario 16' y yo paseábamos juntos por la orilla de un helado río Moscova. La temperatura rozaba los -15º C, lo que en Moscú se considera un invierno benigno. Luego fallecería mi gran amigo, tras sobrevivir a un viaje del infierno con sus hijos adolescentes en el transiberiano oriental. Él me enseñó lo que en realidad era el último vagido del imperio soviético y a él debo la asistencia a uno de los últimos solemnes aniversarios de la capital rusa. Recuerdo que los jaulones de los vendedores de pájaros llevaban calefacción incorporada para salvar a aquellas desnutridas y desamparadas avecillas. En las laderas de un monte congelado se dispusieron al menos un centenar de nacionalidades, con gastronomía diferente, lengua y cultura, a veces religión y desde luego vestuario, ni siquiera unidas por un extraordinario vodka. Fue Gorbachov la última voz de alarma. Advirtió contra la descomposición de la llamada CEI (Confederación de Estados Independientes) y anticipó la fractura de la URSS en mil repúblicas, subyugadas por el Estado centralista. Los movimientos ultras son hoy las mismas fuerzas exógenas que aún se oponen a matrimonios imposibles, como el musulmán y el ortodoxo. Desde entonces hasta hoy, Rusia nos ha tratado como enemigo, pero nos necesita como amigo. Ha evolucionado y aún dirigida por el perro rabioso, que dice Wikileaks al referirse a Putin, y con las limitaciones de manías autoritarias, asiste en los periódicos y sobre todo en Internet a un debate libre y vivo. El 'perro Alfa' de Putin ha traído estabilidad, prosperidad y orgullo nacional, a niveles inimaginables. Así lo ve Tony Brenton, que fue embajador británico en Moscú de 2004 a 2008. Quien, a pesar del humor ruso postimperial y quisquilloso y sus inclinaciones a observar lo de fuera con sospecha, insiste en su necesidad de hacer amigos en un mundo inseguro. Por eso, Medvédev alienta el acercamiento a Occidente y apuesta por ampliar relaciones económicas. A pesar de la tradición de autoritarismo político, arbitrariedad legal y rapacidad oficial, cree en su crecimiento, combinado con una mayor integración internacional. Y advierte de que permanecer en su actual ensimismamiento resultaría fatal. Alguien debe dar un puñetazo sobre la mesa y exclamar como John Travolta en 'Pulp Fiction': «Ya está bien de comernos las ...».