El obligado e inevitable cambio de 'look' al que se ha sometido el Gobierno foral presidido por el jeltzale Xabier Agirre pudo verse ayer por primera vez en Júndiz. Allí, en la renovada planta de reciclaje, debutó el nuevo diputado de Medio Ambiente, el peneuvista Andoni Erkiaga, sustituto de Mikel Mintegi (EA). Y lo hizo, como estaba previsto, defendiendo la línea de trabajo impulsada por su antecesor porque la política del departamento que ahora lidera, aclaró, no era de Mintegi, sino del Gobierno de Agirre. Para muestra, su defensa del Plan Mugarri, gran logro del político de EA y que supuso un serio enfrentamiento con el Gobierno vasco que, por cierto, aún colea.
Al margen de propósitos políticos, lo que ayer tocaba era visitar la ampliación de la planta de clasificación de residuos de envases de Júndiz, ya concluida tras una inversión foral de 1,4 millones. Como recordó Erkiaga, el Departamento de Medio Ambiente, en el marco de los planes forales Mugarri y de Residuos, se propuso la modernización de esta planta, que cuenta ya con nueve años de vida y que trata todos los residuos de envases del territorio con un movimiento de 5.000 toneladas anuales.
Con el objetivo de mejorar el rendimiento en la clasificación de envases, la concesionaria de la explotación, la unión temporal de empresas integrada por Yarritu y FCC, ha acometido la ampliación de la planta con una nueva nave destinada a la recepción de residuos. Esta infraestructura, de unos 1.000 metros cuadrados, se suma a la instalación ya existente de 2.500 metros que evitan la recepción de residuos al aire libre.
Nuevas técnicas pioneras
Además de la ampliación, el nuevo diputado explicó que la planta introduce dos mejoras técnicas destacadas. Por un lado, tras un estudio de viabilidad, se ha puesto en marcha una planta móvil piloto para el mejor aprovechamiento de la llamada «fracción rechazo». Esta máquina pretende aprovechar en torno al 20% de residuos que llegan a la planta de Júndiz procedentes de contenedores amarillos y que tiene que ser rechazado del proceso de clasificación para reciclaje.
El aprovechamiento pretendido es de carácter energético, es decir, convertir esos residuos en biocombustible susceptible de ser utilizado en procesos como los de las cementeras. Así se sustituyen combustibles tradicionales como el gasóleo y se minimiza lo que actualmente se envía al vertedero de Gardélegui.