«Aunque mi vida parezca de novela, todo lo que cuento es real», recalca. El sociólogo Amando de Miguel (Pereruela, Zamora, 1937) presenta a las 20.00 horas de hoy su autobiografía 'Memorias y desahogos' en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. Desencantado con el socialismo y la izquierda actual, el experto repasa en dieciocho capítulos vivencias en torno a la censura, el consejo de guerra que le llevó a prisión o su paso por el CESID, con un estilo que mezcla historia y ensayo. La ponencia se enmarca dentro del Aula de Cultura de la Fundación Vocento.
-¿Cómo se transformó la sociedad española tras la guerra civil?
-Resumiéndolo mucho, la primera etapa del franquismo fue muy dura con el hambre. Eso acabó en la Transición con la apertura, la emigración y el desarrollo de una extraordinaria movilidad. Sufrimos una profunda miseria que nos preparó para la sociedad del milagro español en los sesenta. Incluso todavía vivimos un poco de esa renta.
-¿Por qué merece ser recordada esa experiencia?
-Todas las personas que han vivido esos cambios tienen la obligación de contarlo para que los jóvenes sepan de dónde venimos.
-¿Cómo fue su paso por el consejo de guerra?
-Determinó mucho mi vida. Precipitó mi divorcio, me obligó a asentarme en Barcelona&hellip Fue uno de los cambios más significativos de mi vida. Pasé un mes en prisión. Y todo por publicar un artículo en una revista privada. Después empecé a colaborar en los medios.
-¿Cómo ha vivido y vive la censura, si es que la sigue habiendo?
-A la mayoría, la censura le da igual porque no se dedica a escribir, pero a mí me ha afectado mucho. La gran paradoja es que experimenté la censura tanto en el franquismo como en la democracia. La de hoy no es oficial, pero sigue existiendo. Está relacionada con organismos complejos, empresas y todo tipo de ajustes de cuentas. Por ejemplo, hace dos años dije que iba a aumentar la violencia de género y me llamaron de todo. Y nadie me ha pedido perdón. En Vitoria, realicé un estudio sobre el uso del euskera que no se pudo publicar porque recibí amenazas. Mi cara estaba dentro de una diana en los bares de la ciudad. Simplemente, descubrimos que los jóvenes lo habían aprendido, pero que después no lo utilizaban. Era una investigación, no una opinión.
Espía tras el 23-F
-Tras el 23-F, ¿temió otro golpe militar cuando fue espía del CESID?
-Sí. El 23-F fue una chapuza y un fracaso, y se temía otro mejor organizado y definitivo, que acabaría con la democracia. Entonces se organizó una célula para tratar de impedirlo. Luego me tuve que ir a Estados Unidos y dejé esa labor. Fue un incidente pequeño pero dramático, y mi deber era colaborar. Esta clase de episodios que refleja mi libro parecen de novela, pero es real.
-Hábleme de la evolución de la política española. ¿Qué ha cambiado en la izquierda actual?
-Se ha difuminado mucho. Por ejemplo, el partido comunista. Habiendo sido el partido más fuerte de la oposición durante el franquismo, sencillamente, es una broma. El Partido Socialista se ha desvirtuado porque ya no practica la igualdad real. Es como el de los años treinta, ideológico.
-¿En qué sentido?
-En el peor. Pretendiendo quitar los crucifijos y cosas así. Eso fomenta el odio entre las dos Españas de la guerra civil y no la igualdad. Ahora promulga una mezcla extraña de feminismo, ecología, 'buenismo' y la Alianza de Civilizaciones, una pura retórica que supone un verdadero desastre con la crisis económica. El socialismo de Prieto durante la República fue al menos emprendedor, similar a lo que hizo Roosevelt en Estados Unidos. Todo eso ha quedado en nada.