Es una de las urbanizaciones más recientes de Legutiano y los chalets adosados se alinean de forma geométrica. Los propietarios recibieron las llaves de sus nuevos hogares hace apenas unos meses y desde finales del mes pasado caminan en la penumbra cada vez que se hace de noche. ¿Los culpables? Los ladrones de cobre, que se han llevado el cableado del alumbrado público de toda la zona.
El robo se produjo «hace diez días». Los cacos, como suele ocurrir en este tipo de incidentes, actuaron con nocturnidad y alevosía. Ningún vecino -en la actualidad viven alrededor de 80 familias según los datos facilitados por el Ayuntamiento de Legutiano- vio «nada raro ni a nadie sospechoso», asegura el alcalde de la localidad, Pedro Berriozabal. «Lo que ha hecho esta gente es una auténtica faena», se queja.
La «broma» costará a las arcas municipales «la friolera de 2.500 euros», lamenta el regidor. «Ya hemos solicitado la reposición del cableado, pero no es tan fácil. No sabemos cuándo vendrán los técnicos». Mientras tanto, los residentes deben resignarse a andar a oscuras cuando se esconde el sol. El alcalde solicita a la Ertzaintza una presencia más constante. «Sé que viene la patrulla rural, pero como tienen que ir a puntos muy distantes no dan la cobertura suficiente. Solo pedimos que se les vea más, y sobre todo por las noches, que es cuando actúan estos delincuentes», razona.
Por si no tuvieran bastante con el cableado del alumbrado público, los ladrones también han arrancado los recubrimientos de numerosas farolas de la urbanización. En este punto, Berriozabal se enciende un grado más. «Por favor, si leen esta noticia que sepan que no se llevan cobre. Es una aleación parecida al latón», ilustra.
Once detenidos
Los robos de este metal en Álava han aumentado durante los últimos meses. En gran parte porque ha subido su cotización. El kilo de cable de cobre se paga en el mercado negro sobre los dos euros. Chatarrerías sin escrúpulos quedan con los ladrones, introducen de inmediato la mercancía ilegal en sus hornos para fundirla, les pagan y éstos desaparecen. Con estas operaciones relámpago sortean cualquier posible operación policial.
En el territorio alavés, y según los datos facilitados por el departamento de Interior, el cobre sustraído supera los 7.000 metros en lo que va de año. Los polígonos industriales y los pueblos se han convertido en sus principales víctimas. Las denuncias tramitadas hasta la fecha por la Ertzaintza sitúan el coste de los daños en más de 120.000 euros (unos veinte millones de las antiguas pesetas). Efectivos de la Policía autonómica también han detenido a once personas desde el pasado enero por este tipo de delincuencia.