Stephen Colbert define a su personaje como «un patriota profundamente desinformado». Si su mentor John Stewart es el alumno ingenioso que nunca ha roto un plato, Colbert es irreverente hasta más no poder. Stewart siempre dice lo que su audiencia piensa pero no sabría expresar con tanto ingenio. Colbert le da voz a la ultraderecha llevando su ideología a tal extremo que muchos de sus entrevistados no saben si se ríe de ellos o les lee el pensamiento.
Cuando Colbert celebró con entusiasmo en su programa el rescate de los mineros chilenos, sólo tuvo una cosa que añadir: «¡De nada, chicos, América lo logró una vez más!», proclamó. Y acto seguido dio paso a una escena de Fox News en la que la comentarista recordaba que la tecnología utilizada era de la Nasa. «No es ninguna sorpresa», apuntó el cómico en su eterno papel de conservador convencido. «Les hemos estado ayudando desde 1973, cuando asesinamos a su presidente». Él no parpadeó, pero su audiencia se tiró de la risa e irrumpió en aplausos.
No se reían tanto los periodistas y asesores políticos que le vieron debutar en 2006 en la cena anual para corresponsales de la Casa Blanca, donde los presidentes de EE UU se ven obligados cada año a mofarse de sí mismos. Colbert Report llevaba sólo un año en antena y su humor sarcástico todavía no era bien entendido.
El propio George W. Bush le miró a veces desconcertado cuando éste dijo estar rindiéndole tributo y tener mucho en común con él. «Yo también creo que la democracia es lo mejor que se puede exportar para promover a nuestro país, al menos hasta que China encuentre la fórmula de ponerle su sello a las bolsas de plástico de tres centavos», aclaró. «Yo tampoco soy un fan de los libros. ¿Quién es la enciclopedia británica para decirme que el canal de Panamá se construyó en 1914? Si yo quiero decir que fue en 1941, tengo derecho como americano, ¿no? ¡América! ¡Apoyemos a nuestro presidente y dejemos que esos hechos los decida la historia!», clamó.
Como buen patriota, amigo de Dick Cheney y seguidor del Tea Party, Stephen Colbert acudió ayer a Washington en su papel de alter ego para defender la supervivencia del miedo en oposición a la vuelta de la cordura que defiende Stewart. Por algo es Halloween y el Partido Republicano convocado a ganar las elecciones del martes.