En una ciudad marcada por el sello de algunos de los arquitectos más cotizados del mundo, Bilbao se ha hecho a la idea de renunciar, por el momento, al estilo del francés Jean Nouvel. El autor de emblemáticas obras como la Torre Agbar de Barcelona o el Instituto del Mundo Árabe había visitado la capital vizcaína en varias ocasiones durante los últimos años para presentar el diseño del edificio de viviendas que la firma Vizcaína de Edificaciones preveía habilitar sobre el polémico solar del RAG. Su equipo mantuvo reuniones con el alcalde, Iñaki Azkuna, y responsables del área de Urbanismo, ya que el inmueble tenía que ajustarse al ordenamiento vigente.
Sin embargo, el ambicioso proyecto pergeñado por el rebelde de la arquitectura gala ha hecho aguas finalmente por el impacto de la crisis y el desplome del mercado inmobiliario. La compañía de Antón Iráculis, uno de los principales promotores del País Vasco, ha enterrado los planes iniciales y ha traspasado la titularidad del suelo al BBVA ante el costoso desembolso que hubiese supuesto la construcción de 120 pisos junto a La Alhóndiga.
Con el mercado todavía sin confirmar síntomas de recuperación y destacadas promociones paralizadas en el centro de la ciudad, la entidad financiera retoma, no obstante, la iniciativa. De hecho, ejecutivos del banco procedentes de Madrid han mantenido en los últimos días contactos con el Ayuntamiento de Bilbao para avanzar sus planes.
El nuevo propietario del solar que albergó hasta julio de 2005 las instalaciones de la gasolinera de Repsol mantiene su apuesta por el uso residencial del terreno, aunque, en línea con la nueva realidad económica, trata de explorar alternativas distintas a fin de «ajustar costes» y ganar rentabilidad. Responsables del banco explicaron ayer a este periódico que están «estudiando diferentes posibilidades» para acometer las construcción de las viviendas en una de las zonas más céntricas de la villa, si bien no especificaron el número concreto que pretenden habilitar. «El asunto está aún en fase muy embrionaria», reconocieron. «No hay nada cerrado, ni mucho menos. Estamos sondeando distintas opciones porque todavía no sabemos cuántos pisos irán ni cómo hacerlos», insistieron.
«Gran interés»
Sí confirmaron, por el contrario, el «gran interés» del BBVA por «promover una «actuación» que seguramente no llevará el sello de un arquitecto de renombre internacional, pero al que en absoluto pretenden restar brillo. Es más, la dirección del banco trabaja con la idea de levantar «un edificio bonito». Su intención es que el inmueble «aporte valor» a la ciudad «al lado» del renovado almacén de vinos de Bastida. Las mismas fuentes confirmaron que durante las próximas semanas continuarán las negociaciones para concretar la redacción del proyecto y la adjudicataria de los trabajos.
No obstante, no se descarta que las obras de demolición de las viejas instalaciones se acometan de inmediato. Con su ejecución se pondrá fin a un proyecto que estaba previsto corriese en paralelo al de La Alhóndiga. Tras el cierre de la antigua estación de servicio, delimitada por las calles Rekakoetxe, Alameda Recalde y Fernández del Campo, el Ayuntamiento vigiló muy de cerca las directrices que Nouvel barajaba para un edificio «singular» al que pretendía envolver en una fachada «ajardinada».
Los responsables municipales de Urbanismo fueron tajantes a la hora de cortar cualquier aspiración de levantar torreones en ninguna de sus esquinas debido al interés por mantener una cornisa uniforme en toda la fachada enfrentada a La Alhóndiga. El plan de Iráculis pasaba por levantar dos bloques de pisos, uno de seis plantas y otro de siete, sobre una superficie total de 2.628 metros cuadrados.