La sombra verde de Barcelona se alarga en la recta final del premio European Green Capital. La decisión del alcalde de la Ciudad Condal de desplazarse hasta Estocolmo -donde se encuentra desde ayer la comitiva alavesa- para escuchar con sus propios oídos el nombre de las urbes que serán estandarte de la ecología urbana en 2012 y 2013 ha enfriado los ánimos locales. Y también ha despertado las suspicacias.
En pleno vuelo a la capital sueca, la comitiva vitoriana manejaba dos versiones para explicar el repentino cambio de agenda de Jordi Hereu, a quien iba a reemplazar su teniente de alcalde Inma Mayol. «Una de dos, o le han llamado de la organización para que fuera, y eso implica que van a ganar, o están achantados y no las tienen todas consigo», resumía en el cielo, entre Bilbao y la escala de Munich, el concejal de EA Antxon Belakortu.
La máxima responsable política de Medio Ambiente prefería, por su parte, hacer oídos sordos a esas teorías y disfrutar del momento «con toda la ilusión puesta en que lo vamos a conseguir». Alba Cañadas se ha tomado tan en serio la aventura vikinga que lleva tres sueños de color verde. En el último, Vitoria y Nuremberg -una candidata a priori de las más flojas- se llevaban el gato al agua, según confesó divertida. El resto de expedicionarios apostaba doble a cero por el equipo de casa y por la esperanza de Francia, Nantes.
«Está muy reñido»
Alberto Illana, vicepresidente del consejo sectorial de Medio Ambiente, se conjuraba para que el fallo sea «honesto y aséptico, y no de mero reparto por intereses entre países». Consciente de la extrema juventud del galardón y de su aspiración a convertirse en algo así como el Nobel verde, se teme -como los demás- que la organización busque triunfadores con nombre, apellido y dotes para contonear el reconocimiento.
Cábalas, conjeturas y sortilegios aparte, el alcalde Lazcoz no ha dado la batalla por perdida. Al contrario. Advertido de que esta mañana tenía una última intervención de cinco minutos y en inglés -al igual que sus homólogos y oponentes en la competición-, en el marco de un congreso mundial de sostenibilidad, Lazcoz se ha empleado a fondo en sacar brillo a la Vitoria más natural. «El jurado nos remitió hace unos días cuatro preguntas para que les diéramos respuesta hoy en este congreso. La primera nos insta a enumerar los argumentos más señalables que nos hacen merecedores de la European Green Capital. Aunque, en teoría, las deliberaciones ya están hechas y el fallo, tomado, nos tememos que la cosa está tan reñida que este dircurso es el examen final», decía el primer edil horas antes de leer el panegírico sobre las excelencias de la capital alavesa.
El regidor socialista se detuvo en un puñado de ideas, como el Anillo Verde, los humedales de Salburua, el Plan de Movilidad Sostenible o el consumo moderado del agua corriente. En su alocución, que tuvo lugar en uno de los salones de convenciones del cuartel general de la organización y de las delegaciones, el hotel Clarion de Estocolmo, Lazcoz también repasó la densificación, la cohesión social y la unidad de la Corporación en materia verde. No en vano, este mismo argumento, al que el presidente de la Corporación sacó chispas hace un mes en Bruselas, escoció a la delegación de Barcelona. Tanto que, a última hora, llamó a filas a un concejal de la oposición para dar así más color a la expedición desplazada a la capital belga.
Cita en el Palacio
Echado el resto por la mañana, por la tarde sólo quedará enfundarse en un atuendo elegante y subirse a un autobús con dirección al majestuoso Ayuntamiento de Estocolmo. Mientras tanto se reconforta con las llamadas y los mensajes de ánimo desde Vitoria. Uno de los últimos, un 'sms' del presidente del Baskonia, Josean Querejeta, en el que le deseaba suerte en la aventura vikinga.
El momento definitivo aguarda en una de las salas nobles del palacio de ladrillo bañado por el Báltico. Después de una cena de gala, sonarán las tres palabras que son el salvoconducto al vértigo. «The winner is...» Y entonces alguien se pondrá verde. De la envidia, y de la emoción. Hasta entonces, no dejen de regar el trébol.