elcorreo.com
Lunes, 28 mayo 2012
claros
Hoy14 / 27||Mañana10 / 17|
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
La vida después del cáncer de mama

ÁLAVA

La vida después del cáncer de mama

La asociación Asamma hace más fácil afrontar la enfemedad más común entre las mujeres

10.10.10 - 02:54 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Karmele y Cándida se cogen de la mano con complicidad mientras suena 'Macarena'. En el centro de danza Gisela, de Vitoria, siete mujeres tratan de seguir los pasos de la bailarina. Los ritmos son distintos. No hay palabras, pero sí sonrisas y mucha alegría. Se adivina en los gestos. Alguien las ha denominado 'amigas solidarias' que debe ser algo mucho mejor que amigas de toda la vida porque son las que «comprenden» de verdad el tremendo shock que sufre una persona cuando un médico le informa de que tiene cáncer. Bailan, pintan, cocinan juntas y asisten a charlas, pero sobre todo se acompañan, se miran a los ojos y se entienden. Por eso les gusta estar juntas.
La Asociación Alavesa de Mujeres con Cáncer de Mama y Ginecológico (Asamma), un nombre duro para un colectivo que sobre todo ha aprendido a abrazar a sus 80 socias, ha cumplido veinte años. El día 19 celebra su día. Hay quien ha caído en el camino, pero el balance final es que se ha sembrado esperanza frente a lo que muchas consideran «los momentos más duros de la vida».
Una de cada diez
Según las estadísticas, este tumor es el más común entre las féminas. Se habla de que una de cada diez españolas desarrollará la enfermedad a lo largo de su vida. La cara amable es que cada vez se consiguen mejores resultados en los tratamientos, gracias a la posibilidad de detectar el tumor en los estadios más precoces. Hay esperanza y mucha vida después de la enfermedad.
Cándida Lizalde es un ejemplo de que se pueden sacar fuerzas para llevar cualquier mochila por pesada que sea. A los 53 años le operaron por la vía de urgencia y le quitaron un pecho. Han pasado desde entonces 29 años, tiene 82 y su vitalidad es encomiable, aunque no puede ponerse escotes porque nunca se ha tapado esa secuela que le dejó la enfermedad y apenas mueve el brazo afectado. «Desde niña he sido muy trabajadora y aún lo soy. He servido, cocinado, cosido, he tenido una charcutería en Adurza. Mi hija murió de cáncer hace 8 años y mi primer marido falleció por un tumor de estómago. Fue durísimo. Pero tenía nietos y había que seguir adelante. Nunca me he rendido aunque tuve un accidente gravísimo en el que me dijeron que solo salía uno de cada mil y ahora llevo marcapasos. Tengo un 69% de invalidez», cuenta esta mujer nacida en las Cinco Villas de Aragón, desde los 18 años en Vitoria.
«Soy la que animo»
Ella ha contagiado la alegría de vivir a su marido actual, Julián Pérez Garay, de 86 años, con el que ha cumplido las bodas de plata. «Vamos a bailar a la Florida, me preparo para salir y no me pierdo las actividades de la asociación», comenta. No es de las que necesita aliento. «Soy yo la que animo. La gente siempre está que me duele esto y lo otro. Pues no, hay que vivir. Qué le vamos a hacer. ¿Me ha tocado?, pues me ha tocado», dice Cándida.
«Yo le conté lo que me pasaba a una amiga íntima y me confesó que no sabía cómo ayudarme, que le daba 'yuyu'. Hay cosas que no se pueden decir ni a la familia ni a los amigos de siempre. Lo pasan peor que tu y para algunos es como una vergüenza todavía», relata Marisol Díaz de Cerio, presidenta de la asociación Asamma y enferma desde hace tres años. Ahí aparece la asociación como un colectivo donde tu dolor y tu angustia se comparten. «Tenemos psicólogos, hacemos excursiones, talleres de pintura, de baile, todo eso crea una relación y hace que todo sea más fácil», subraya.
«Todavía estoy con el tratamiento de las hormonas. Llevaba fatal lo de quedarme calva. Fue peor que quedarme sin mama, porque no me miraba al espejo. No podía», cuenta Marisol, de 50 años, cuatro hijos, cinco nietos y trabajadora de la limpieza en el Boulevard.
«Esto te limita. Después de la masectomía los brazos se hinchan porque el drenaje linfático no funciona. Me volvió la menopausia. Tratas de hacer la vida normal pero no eres la misma. Hay días muy duros». Marisol se ha propuesto durante el tiempo que esté al frente de la asociación sacarla del ostracismo al que está sometida frente a organizaciones como la Asociación Española contra el Cáncer. «En eventos como la Carrera de la Mujer nos ignoran», se queja.
«¿Por qué a mí?»
Karmele Cariñanos, 52 años, es de Salvatierra pero procura no perderse ninguna de las actividades de la asociación en la que ha encontrado un apoyo total . «Me salió un bultito de 3 centímetros en 2007. No lo encajé bien al principio. ¿Por qué a mí que soy una mujer que trabaja de monitora de natación, que va al monte, que no fuma, que se cuida, que voy al ginecólogo, que cumplo a rajatabla todo lo que me dice el médico? Cuando iba en el autobús miraba a la gente y me preguntaba ¿por qué a ese no y a mí sí? Estaba furiosa y solo oír la palabra pensaba en la muerte, en que me moría. He sentido pánico. Un médico me dijo 'de esto no te mueres' y me agarré a esa afirmación para tener esperanza».
Karmele fue aceptando la situación y después de las sesiones de quimioterapia se iba al monte a oxigenarse, a abrazar a los árboles, a sentir la tierra. «Ha sido mi mejor terapia. Me gusta la vida y me aferro a lo que sea. Yo he sido muy movida siempre, pero con el tratamiento me quedaba hecha un trapo. No se de donde sacaba fuerzas para moverme. Lo que tengo claro es que esto hay que mejorarlo entre todos, que Osakidetza funciona bien, que tenemos muy buenos médicos pero que sin la asociación estaríamos perdidas para muchas cosas».
TAGS RELACIONADOS
En Tuenti
La vida después del cáncer de mama

Marisol Díaz de Cerio con su hijo pequeño Eneko. :: IGOR AIZPURU

La vida después del cáncer de mama

Marisol Díaz de Cerio con su hijo pequeño Eneko. :: IGOR AIZPURU

La vida después del cáncer de mama

Karmele Cariñanos en uno de los pasos de baile. :: IGOR AIZPURU

La vida después del cáncer de mama

Cándida se sirve el cafe junto a su marido Julián. :: IGOR AIZPURU

La vida después del cáncer de mama

Karmele, Cándida y Marisol ante una bandera rosa, símbolo de la lucha contra el cáncer . :: IGOR AIZPURU

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.