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Cinco joyas para cinco archivos

ÁLAVA

Cinco joyas para cinco archivos

19.09.10 - 02:51 -
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Los archiveros son los guardianes de la memoria y aman los documentos y los legajos por encima de casi todas las cosas. Una partida de nacimiento o un testamento son escritos corrientes hoy en día, pero si tienen más de cinco siglos son verdaderas joyas y como tal son tratadas y guardadas. O sea, en cajas especiales de conservación, envueltos en papeles no ácidos, a 19 grados de temperatura y un 50% de humedad. Las estanterías donde se custodian se han fabricado para aguantar altas temperaturaspero se teme más a los bomberos y su agua que al fuego y, por lo tanto, las instalaciones de detección y extinción de incendios son especiales y utilizan gas.
Además, están vigilados por sistemas de seguridad como lo que son, auténticos tesoros que representan una gran riqueza intangible a la que no siempre se le da importancia: lo que hemos sido y de donde venimos. Son fundamentales para bucear en nuestra identidad y en la reconstrucción de nuestra historia.
En Vitoria existen cinco instituciones que desde distintos orígenes han archivado y catalogado todo tipo de soportes documentales. Juntos conforman el puzzle de la memoria histórica de la ciudad y de la provincia, incluso del País Vasco. Son el archivo municipal, el foral, el histórico provincial, el diocesano y la Fundación Sancho el Sabio, dependiente de la Caja Vital. Hemos visitado cada uno de ellos para conocer cuál es el documento más antiguo que custodian, algo que no suele coincidir con el más valioso ni el más hermoso, pero la respuesta está llena de sorpresas.
Oración y música
El papel escrito más pretérito de los archivos alaveses es curiosamente un libro de oraciones fechado en torno a 1150, un breviario con notaciones musicales de tipo aquitano, en pergamino, que se reutilizó como tapa de un protocolo del escribano Pedro de Albistur del año 1591. «Era común», explica el director del Archivo Histórico Provincial, José Antonio Sáinz, «volver a usar los pergaminos. Por su calidad, por su duración, no hay nada que resista tanto. En este caso es más importante la cubierta que el contenido», agrega.
«Commemoratio Sancti Hilarii» (festividad de San Hilario) son por lo tanto las palabras en latín más antiguas que conservamos. El archivo provincial ha catalogado 350 códices de este tipo y restaura 15 cada año. Y todos se han encontrado en las tapas de los protocolos notariales que forman el grueso de los fondos. Los Reyes Católicos fueron los que mandaron guardar este tipo de documentos. «Herencias, contratos, proyectos de obra. Estimo que es el fondo principal para conocer la historia de Álava, la toponimia antigua, los lindes de los pueblos», asegura Sáinz que descorcha otra sorpresa. Una falsificación. Fue hallada en los fondos familiares de los Ocio Salazar y es el reclutamiento que hizo un antepasado para ir junto a Don Diego López de Haro a la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Otra joya.
El fuero de población firmado en 1181 por el rey de Navarra Sancho VI el Sabio, la partida de nacimiento de la ciudad, es el escrito original más importante y valioso del Archivo Municipal de Vitoria y también el más antiguo. Las especiales condiciones de su custodia y su buen estado muestran el extraordinario valor que se le asigna. «Como archivo el nuestro es el más antiguo porque desde el principio el concejo guardó todos los documentos que producía. Estamos en el viejo cuartel de Flandes desde 1990 después de pasar por media docena de sedes», comenta María José Monge, técnico de la sección histórica del legado
El primer teléfono
Las más de 5.000 consultas al año que se reciben muestran el interés de los ciudadanos en conocer los entresijos de la historia local. Los 89 documentos medievales en pergamino, los 469 libros de actas municipales desde 1428 o el medio millón de fotografías desde el año 1876 forman parte de una sugestiva oferta para el ciudadano curioso, el estudiante que pepara una tesina o el investigador. En cualquier momento salta la sorpresa. Un expediente de 1882 señala que Heraclio Fournier pide autorización para instalar el primer teléfono de la ciudad. O 'El Anunciador Vitoriano' emerge en 1878 como el primer rotativo con jugosos anuncios publicitarios. Toda la vida de siglos de la ciudad se conserva en los 4 kilómetros de estanterías.
No hay archivo grande que delimite el número de documentos. Hay todavía mucho que catalogar y son números sin cerrar. Los archiveros prefieren hablar de kilómetros de papeles para dar una idea de la inmensidad de documentación y el ímprobo esfuerzo que se debe realizar.
La palma se la lleva el Archivo del Territorio Histórico de Álava con sus 14 kilómetros de documentos. Esas dimensiones obligaron hace tiempo a la digitalización de los fondos iniciada por Camino Urdiain y seguida por el actual director Jesús Sobrón. «Fuimos pioneros. La idea básica es que el investigador pueda hacer la consulta desde su casa», argumenta. En estos momentos, el documento más antiguo es un pergamino de 1194, un privilegio rodado de Alfonso VIII por el que se concede al concejo de Salinas de Añana la villa de Atiega y sus monasterios. Tiene un valor especial el sello. Los fondos privados de diez ilustres familias alavesas, de empresas e instituciones dan lustre al archivo. «Hay verdaderas maravillas», agrega Sobrón, que muestra el título de derecho de Lope de Varona conseguido en Bolonia en 1576 con un sello de lacre e hilo de seda y oro.
Genealogía desde Suiza
Una bula del papal Honorio III del año 1222 tomando bajo su protección a la colegiata de Armentia es el documento más antiguo que se conserva en el Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, ubicado en el Seminario. La memoria viva de la iglesia local y sus 530 parroquias está custodiada en estanterías que ocupan 1,2 kilómetros. Es el más pequeño de todos pero el estudio de las genealogías ha disparado las consultas. «Sin necesidad de venir, la búsqueda se puede hacer 'on line'. Tenemos usuarios que han investigado su familia desde Suiza», asegura María Dolores Lecuona, empeñada en dar a conocer las posibilidades que la informática ha abierto para que esta información tan básica pueda llegar a todo el mundo.
La partida de bautismo de Juan Pérez de Marieta, venido al mundo en esta localidad el 1 de enero de 1481 es otro documento de interés porque se hizo setenta años antes de que el Concilio de Trento fijara la necesidad de registrar a los bautizados.
El archivo más moderno por historia (1962), concepción y porque acaba de estrenar edificio es la Fundación Sancho el Sabio, dependiente de la Caja Vital, con sede en el antiguo cementerio del convento de las Carmelitas de Betoño. El reto del futuro ante la nuevas tecnologías preocupa y mucho a su subdirerctor, Jesús Zubiaga. La fundación es mucho más que un archivo de fondos de temática vasca. Compartir con todo el mundo este impresionante legado de 7 kilómetros de estanterías es un objetivo que se persigue cada día. El documento má antiguo en estos momentos es un manuscrito de 1494 que habla de los bienes del Monasterio de San Millán de la Cogolla en Álava. Se puede leer en internet.
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La firma del rey Sancho en el fuero de población de 1181. :: J. MINGUEZA

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Fragmento de breviario con notas musicales de 1150. :: J. MINGUEZA

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Jesús Zubiaga guarda el manuscrito de 1494. :: IGOR AIZPURU

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Bula del Papa Honorio III del año 1222 sobre Armentia. :: J. MINGUEZA

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Jesús Sobrón lee el privilegio de Salinas de 1194. :: JAVIER MINGUEZA

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