Es singular en su género y el único ejemplar conocido y conservado 'in situ' en la Comunidad Autónoma Vasca. Se trata de una verdadera reliquia de la arqueología industrial con un gran interés histórico y etnográfico. Así argumenta el departamento de Cultura del Gobierno vasco la resolución por la que se ha incoado el expediente para la declaración de Bien Cultural Calificado con la categoría de Monumento a la presa de Villanueva de Valdegovía.
Ubicada en el término de La Mier, sobre el río Omecillo, a unos 500 metros al suroeste del molino al que dio servicio, existe documentación sobre ella desde el siglo XVIII. Su función era elevar el nivel del río para desviar el agua hacia el canal que ponía en marcha el citado molino.
Las presas de madera fueron de uso frecuente en tiempos pasados a tenor de los abundantes vestigios y la documentación escrita existente. Pero el mantenimiento permanente que necesitaban hizo que fueran sustituidas por otras de piedras. Por ello es rara la conservación de ejemplares de ese material o que, como en este caso, presenten tipología mixta. Estas presas son testigos materiales que nos remiten a técnicas y forma antiguas que ya han ido desapareciendo con el tiempo.
El azud, uno de lo componentes importantes de todo molino, es una estructura de madera y piedra formada por dos planos inclinados de distinto tamaño. La rampa aguas arriba es más corta y de mayor inclinación que la de aguas abajo que es más tendida, evitando así la caída brusca del agua que podría perforar las bases de la presa. En realidad recuerda la composición constructiva de la cubierta de madera de una casa, si bien combina en su vertiente aguas abajo la madera con cordones de piedra a modo de contrafuertes. La cumbrera o 'gallur' que remata las rampas tiene un altura aproximada de 2,10 metros y su longitud es de 10,75 metros.
Desde la rampa aguas abajo se puede apreciar en época de estío como la actual el emparrillado de madera sobre el que se fija la presa al lecho. A 1,8 metros de la cumbrera del azud, en su parte izquierda, se encuentra la compuerta mediante la que se desviaba el agua hacia el canal.
Intervención
A finales de noviembre del pasado año de 2009 se actuó sobre la presa, con una primera intervención, en la rampa aguas abajo, eliminando la gruesa capa de lodo y otros materiales de arrastre acumulados dejando a la vista los distintos tramos que determinan los troncos, que combinan en su espacio intermedio con potentes bloques pétreos de toba. De esa forma quedó limpia la superficie de deslizamiento de las aguas.
Según Victorino Palacios, el que más ha estudiado todo lo relacionado con la arquitectura rural alavesa y los elementos menores como molinos y puentes, «se trata de una presa única que hay que conservar. Está previsto una reconstrucción completa que obligará a desviar el río. Su estado es muy delicado», aseguró.