Su relación con Magialdia es de lo más gráfica. Se trata del artista plástico Mintxo Cemillán, autor del logotipo de la Asociación de Ilusionistas de Álava que organiza el festival y habitual colaborador de esta cita. En concreto, el vitoriano participó en otra edición dando vida con pintura a unos naipes infantiles. Esta tarde el creador abre el programa del XXII Festival Internacional de Magia con su obra 'Ilusión transitoria' a las 19.30 horas en la plaza de la Virgen Blanca, donde nada será lo que parece. Una vez que su autor entone el '¡tatatachaaan!', los espectadores podrán observar desde la balconada de San Miguel «una imagen en perspectiva que da ideas engañosas y que tiene un único punto de observación».
-Al margen de otras colaboraciones, es la segunda vez que participa en el programa de Magialdia. ¿Satisfecho?
-La filosofía de la Asociación de Ilusionistas de Álava es interesante, ya que busca traer espectáculos de fuera pero también ver qué hay dentro de Vitoria; mirar a la ciudad, sus inquietudes y la gente que lleva a cabo iniciativas dentro de la magia. Es un festival que se involucra e involucra a sus ciudadanos.
-¿Qué relación cree que hay entre el arte y la magia?
-Ambos participan en buscar emociones. En mi trabajo profesional, aparte de mis colaboraciones con la asociación, desarrollo una faceta de muralismo con proyectos como 'Trampantojo' y los juegos visuales, que coinciden con el tema del ilusionismo.
-¿Con qué material ha elaborado la obra 'Ilusión transitoria'?
-Está realizada con pintura plástica de fácil eliminación, así que el suelo de la plaza de la Virgen Blanca quedará igual que antes cuando se quite.
Efectos ópticos
-¿Cuál es el objetivo de este trampantojo?
-Es una imagen en perspectiva que da ideas engañosas y que tiene un único punto de observación. La obra desarrolla juegos y efectos ópticos que podrían dar a entender otros aspectos de la magia clásica. Otros años se han realizado en Magialdia propuestas para impulsar la gastronomía y a los artistas locales que realicen proyectos exportables a otras ciudades. Partiendo de esa idea, me propuse hacer un juego dentro del espacio urbano, porque la relación entre el arte y el espacio público puede ser de muchas maneras. No sólo se limita a figuras permanentes como esculturas, sino que pueden ser obras fugaces y creo que cuanto más efímera es una propuesta, más creativa resulta. Y observar siempre las mismas piezas en los mismos lugares puede provocar hastío, así que mi propuesta es un ejercicio que pretende llamar la atención de forma diferente a la ciudadanía acostumbrada a un espacio. La pintura cobrará un sentido diferente, aparentará otra cosa.
-¿Por qué se decanta por este tipo de creaciones efímeras en lugar de las permanentes?
-Prefiero que quede la huella del recuerdo que una pieza constante. A veces el arte es un poco déspota, porque la creatividad de un autor te influye permanentemente, y finalmente lo acabas aceptando, como cuando nos colocan la estatua de bronce del monarca de turno. Mi locura personal se limita a un tiempo preciso, después, prefiero que quede en la memoria.
Jugar al despiste
-Ha presentado este tipo de trampas visuales en otras ciudades españolas. ¿Cómo reacciona el público?
-No se da cuenta, está expectante. Más que gustarle o disgustarle, le produce despiste. He realizado mis obras en Pamplona, San Sebastián, Valencia, Ibiza, Madrid, Málaga&hellip Incluso intervine en el antiguo depósito de aguas de Vitoria con un juego de perspectivas similar. Lo que ocurre con el arte es que a la hora de intervenir a menudo no se toma en cuenta el espacio público. Mi obra consiste en realizar una amalgama de manchas que toma sentido, y ahí está la magia.
-La participación ciudadana es un elemento clave en su trabajo. ¿Qué le aporta?
-La intervención de la gente me parece muy interesante. Sin intriga y sorpresa, no hay magia.
-Vitoria se convertirá esta semana en una ciudad llena de magia. ¿En qué otros lugares con encanto le gustaría intervenir con su arte?
-En realidad, se podría hacer en cualquier sitio. No obstante, le tengo muchas ganas a la catedral nueva, un monumento que reivindico constantemente. Sería muy interesante poder trabajar en el derredor, su entorno o incluso sobre sus cubiertas. Daría mucho juego.