«El único que no representa al pueblo iraní, que falsificó los resultados de las elecciones, que oprimió a su gente y robó la autoridad no tiene derecho a hablar sobre Palestina, su presidente o sus representantes». Con estas palabras, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), a través de su portavoz Nabil Abu Rudeina, mandaba ayer callar a Mahmud Ahmadineyad, que la pasada semana cuestionaba la legitimidad de Mahmud Abbas para negociar con Israel y, más allá, condenaba el proceso de paz abierto en Washington.
Este distanciamiento expreso de la oficialidad palestina respecto de las provocaciones de Teherán coincidía ayer con la programación de la primera ronda de encuentros de alto nivel de las conversaciones. Será el próximo 14 de septiembre en Sharm el-Sheij (Egipto) y seguirá el 15 en Jerusalén.
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, se sentará a la mesa con Abbas y el jefe del Gobierno judío, Benyamin Netanyahu, que abordaba a sus ministros tras la cumbre de EE UU con el mensaje de que «el mundo árabe está maduro para la paz y es el momento para avanzar con los palestinos y expandirla a un círculo más amplio».
Si se está creando la más mínima confianza mutua entre los interlocutores y hay una esperanza remota en el horizonte, Ahmadineyad no es bienvenido. «Abbas llegó al poder en unas elecciones libres, democráticas y auténticas, supervisadas por más de 2.000 observadores internacionales y árabes. Nosotros somos los que luchamos por Palestina y Jerusalén, el liderazgo palestino no oprime a su pueblo como lo ha hecho Ahmadineyad con el iraní», reprochaba el comunicado firmado por Rudeina, que difundía la agencia Maan.
Muestra de hartazgo
Según explicó un miembro del equipo negociador palestino, el mensaje es una muestra del hartazgo acumulado ante la «utilización gravísima» que está haciendo del conflicto el mandatario persa. «Queremos que deje de hablar de hacer desaparecer a Israel y empiece a hablar de poner a Palestina en el mapa», aseguró.
El efecto ha sido todo lo contrario. En Doha, Mahmud Ahmadineyad volvió a insistir ayer en su amenaza eterna. «Todo acto contra Irán llevará a la destrucción de la entidad sionista», dijo, para agotamiento de la paciencia de la ANP, que le ha pedido que «deje de ayudar a Benyamin Netanyahu».
«Aquí hay algo clarísimo -exponía el representante consultado-: cada vez que Ahmadineyad repite ese mensaje, está dando a Israel todas las excusas del mundo para reclamarnos más y más garantías a su seguridad… Ahora Israel nos está pidiendo que, bajo cualquier acuerdo, tiene que mantener presencia militar en el valle del Jordán, dentro de lo que va a ser el Estado palestino. ¿Por qué?, porque Israel dice que tiene que estar en esa frontera para prevenir cualquier ataque de Irán». Y añadió: «Definitivamente, Ahmadineyad y su ministro de Exteriores, Manounchehr Mottaki, es lo mejor que le ha podido pasar a Netanyahu».
A juicio de la ANP, no cabe duda de que el líder persa está jugando a ganar su propia guerra en una arena ajena, aun a costa de «perjudicar extraordinariamente» los intereses palestinos. «Con su apoyo dialéctico a nuestra causa, trata de esconder sus propios fracasos internos». Entre los reveses de Ahmadineyad figura la represión social aplicada para contener el movimiento opositor nacido en los últimos comicios y la vergüenza más reciente de las lapidaciones.
La ANP está convencida de que, «con su retórica a favor de la causa, sólo quiere ganar peso a nivel regional y en el pulso con Estados Unidos en relación al tema atómico». Para el mandatario iraní extender la idea de que capitaliza una fuerza en nombre de los palestinos, es una carta a jugar.