Subir un 'ochomil' siempre es un desafío exigente que pone a prueba la fortaleza física y mental de todo el que lo intenta. Es el reto que se marcan cada año centenares de alpinistas 'enganchados' a la altitud extrema. Algunos incluso consiguen ascender dos aprovechando que las temporadas en Himalaya (primavera/otoño) y Karakorum (verano) se complementan. Lo que ya está al alcance de unos pocos elegidos es escalar dos de las montañas más altas del mundo en una semana. Y eso es lo que ha conseguido este verano el llodiano Roberto Rojo 'Gorri (40 años).
Este bombero del Parque de Ayala se ha vuelto hace unos días de Pakistán con dos 'ochomiles' en su mochila, el Gasherbrum II (8.035 m.) y el Gasherbrum I o Hidden Peak (8.080 m.), dos picos gemelos que se alzan en el corazón del Karakorum próximos al mítico K2 y tan cercanos que incluso comparten campo base. Aunque también con una pequeña espina clavada. En el segundo de ellos se quedó a apenas 20 metros de la cumbre, ya que él y sus compañeros sudamericanos de cordada se equivocaron de punta en una ascensión realizada en unas condiciones meteorológicas dantescas.
«La visibilidad era prácticamente nula y el viento casi nos arrastraba. Llegamos a un pequeño promontorio rocoso y pensamos que era la cumbre, aunque luego, bajando, ya nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado porque en el campo base la gente que la conocía había explicado que la cima es de nieve», explica. Sabe que esos 20 metros le impedirán figurar en las estadísticas oficiales como ascendido, aunque ese pequeño error no le quita a Gorri la «sensación» de haber escalado una montaña «preciosa» y «verdaderamente alpina, con una pendiente sostenida de entre 45 y 60º a partir del C-II», aunque «con mucha tensión por el mal tiempo». Allí, continúa, vivió una sensaciones «muy diferentes a las del G-II», considerada mucho más comercial, «plagado de cuerdas» en todo el recorrido y donde a partir del C-II es «andar y andar».
Pero vayamos por partes. Gorri y su compañero de cordada, el vitoriano Carlos Martínez, llegaron al CB de los Gasherbrum a principios de julio. El mal tiempo les impidió cumplir con el plan de aclimatación, así que cuando llegó el anuncio de la primera ventana de buen tiempo no se lo pensaron. Era el momento de llevar a la práctica las pruebas realizadas en mayo en casa con una cámara de hipoxia, «que no te aclimata pero sí ayuda». Y tanto. El 11 hollaban la cima del G-II y el 13 estaban ya de vuelta en el campo base. «Mi idea era descansar más días, pero unos amigos colombianos me dijeron que iban intentar el G-I y no era cuestión de desaprovechar la oportunidad», relata.
Y se fue a por su segundo 'ochomil', al que Carlos Martínez renunció al haber bajado del G-II con leves congelaciones. En el ataque participó inicialmente un nutrido grupo de alpinistas, pero el tiempo empeoró, tuvieron que esperar un par de días en los campos de altura y se fueron dando la vuelta casi todos. Solo quedaron sus compañeros colombianos y él, que llegaron hasta esa pequeña antecima rocosa el día 19.
De vuelta a casa, las sensaciones son contrapuestas. Está satisfecho porque «nunca había hecho algo tan cañero y el cuerpo ha aguantado», aunque reconoce a la vez que estos dos 'ochomiles' «no los he disfrutado tanto como otros al haberlos hecho tan rápido». Y una conclusión final: los Gasherbrum I y II son «agotadoras psicológicamente. El G-II porque está lleno de cuerdas y el G-I porque no tiene ninguna».
Gorri es un himalayista tardío. Hasta 2006 no viajó a su primer 'ochomil'. Y como si quisiera recuperar el tiempo perdido, desde entonces no ha parado: ocho expediciones, cinco 'ochomiles' ascendidos y otros dos «casi»: el Manaslu y el G-I, en los que se ha quedado a pocos metros de la cumbre.
Sin embargo, quizás ahora es el momento de abrir un periodo de reflexión. "Yo me autofinancio todas las expediciones. Con las ayudas que recibo de amigos empresarios que les gusta la montaña y los clubes de la zona no junto 1.500 euros", explica. Por eso, aunque "ganas de ir a la montaña sigo teniendo", se plantea "parar un año, para que la gente se dé cuenta del sacrificio que supone esto, que me lleva todo mi tiempo y mi dinero".