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Nuestros paisajes más sagrados

ÁLAVA

Nuestros paisajes más sagrados

Son 30.000 hectáreas y cinco parques naturales y, aún así, es una lista incompleta

05.09.10 - 02:51 -
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La naturaleza es uno de los grandes atractivos de Álava y prueba de ello es que cada año aumenta un 12% la afluencia a sus espacios protegidos. En realidad, el porcentaje es mayor porque las estadísticas sólo cifran el número de personas que pasan por los centros de acogida. Pero la afición montañera, setera y senderista es más grane de lo que marcan los registros.
La Diputación alavesa quiere completar la actual red de parques con el de Montes de Vitoria. El Gobierno vasco abrió en febrero el largo proceso administrativo de declaración. Con sus 13.000 hectáreas puede convertirse en el tercero más grande de Euskadi, después de Gorbea (20.000) y Aizkorri-Aratz (19.300). Tampoco se incluye en la lista de nuestros lugares venerados las casi 6.000 hectáreas de la sierra de Entzia, un paraje de gran valor que sigue gestionado por entidades de origen medieval como las parzonerías. Si restamos la superficie compartida con Vizcaya o Guipúzcoa, en algunos de los espacios como Gorbea, Urkiola o Aizkorri, el territorio alavés cuenta actualmente con cinco espacios naturales y unas 30.000 hectáreas muy protegidas.
Nada está siempre seguro, dicen los conservacionistas y la idea de preservar estos paisajes sagrados a nuestros hijos y nietos subyace en la política de restricciones a los usos de estas áreas, a la que muchos lugareños se resisten. Por el contrario, el desarrollo y el factor humano están contemplados en los planes de gestión. Los pueblos próximos deben ser los primeros implicados en una política inteligente de conservación.
La crisis económica ha reducido las inversiones en mejoras e infraestructuras a la mínima expresión. Izki espera que amueblen y vistan su flamante parketxe de Corres. En Araia, la Casa del Mitxarro, una especie de centro e interpretación, sólo se abre los fines de semana y falta señalización en los senderos. En Arkarai (Gorbea) se ha acondicionado una pasarela de 300 metros para minusválidos sobre un humedal y nuevos paneles. También en Valderejo se han hecho obras para este colectivo.
Estas son las rutas
Proponemos cinco rutas para conocer más a fondo nuestros parques, empezando por uno de los menos trillados para los alaveses: el de Urkiola, declarado en 1989 y compartido con Vizcaya. El punto de partida es el aparcamiento de la casa forestal de Olaeta, al final de la carretera asfaltada. El camino que coincide con el GR-123 está jalonado de marcas rojas y blancas, y se cruza con la que viene de Urkiola. En una hora, aproximadamente, se llega al collado de Pagozelai y al roquedo del Anboto. La vuelta se puede hacer por Zabalandi y las señales que marcan Orisol y Kruzeta. Lleva unas tres horas.
Valderejo fue el segundo parque declarado en 1992. La senda del desfiladero del río Purón es sin duda la más adecuada para grupos familiares. Desde Lalastra hasta Herrán (Burgos), ida y vuelta, se tarda algo más de tres horas, aunque si se para a menudo la excursión es de las de almuerzo(7,3 kilómetros). Se trata de uno de los paisajes más sobresalientes de Álava en geología, naturaleza, belleza e historia.
Una plaza de toros
Gorbea fue el tercero de los parques alaveses y la entrada por la ermita de Garrastatxu (Baranbio) es una de las más desconocidas. Aquí se puede visitar la formidable iglesia del siglo XVII, donde hasta hace poco vivió una familia de ermitaños. Un enigmático recinto de piedra resulta ser la plaza de toros más antigua del País Vasco. Piedras de molino, minas de plomo, carboneras, chabolas de pastores. El paisaje cuenta historias de bandidos y atracos, y los atardeceres y las vistas son sublimes. La ruta por Katzabaso hasta Burbona es de unas dos horas, pero hay siete buzones para los montañeros en 1.500 metros.
Izki es otro gran desconocido para la mayoría. El bosque de marojo está en una cubeta rodeada de montes. Caminar por el corazón de esta selva es como hacerlo en una playa con árboles pero el mar estuvo, se fue y no se le espera. La senda Renabar, que parte desde San Román de Campezo, es una excelente inmersión en el marojal. Pero también hay alisos y abedules, y una piedra con una cruz en memoria de un asesinado en 1904 por su hermano. Es Policarpo Burguera.
Aizkorri-Aratz, el último de la lista, esconde aún muchas rutas sin marcar, como la que conduce desde Araia al formidable circo de la Hoya de la Lece por el camino del Albéniz, la vieja cantera de Kukuma y la fuente Uribaso. Gigantes robles de varias especies jalonan el camino, muy pendiente. Tras pasar la txabola de Martín nos adentramos por la divisoria con Guipúzcoa, un gran pinar y los puestos de paloma de Apota antes de llegar al lugar mágico de la Lece, franqueado por el Artzanegi y el Olano. Una depresión que acaba en la cueva.
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