Fue de las de 'como para enmarcar', aquella carta al director que el ya venturosamente ex director de Seguridad Ciudadana de Vitoria-Gasteiz hizo pública en este periódico; por ser exactos, el 25 de febrero. Decidido a conquistar el Club de la Comedia, Pedro Anitua Aldekoa nos obsequió a los ciudadanos copartícipes de la recolección de su orondo sueldo con estas tres valiosas perlas: «No se ajusta a la realidad» la opinión negativa a propósito de las acciones, o inexistencia de las mismas, de la Policía Local; no existe enfrentamiento alguno entre la dirección y los agentes; y las zarabandas entre el concejal Bully y el patrullero en la Florida, que originó por ambas partes los tan elegantes alborozos del '¡Para chulo, mi pirulo!' no dejan de constituir «anécdotas y disfunciones».
El ex Anitua -a quien el Gobierno vasco premió a velocidad con un nuevo sillón aún mejor retribuido- debe ser gafe, ya que al medio año de tan exquisito regocijo la opinión pública vitoriana ha empeorado aún más, y parecía complicado que tal cosa pudiera acontecer, su opinión sobre la chulería y prepotencia de muchos de los agentes, sobre todo de los más niños, a la vez que éstos se han instalado en una huelga encubierta contra sus jefes…, y, encima, el concejal Bully, puesto a demostrar que puede ser todavía más creativo, ha enviado en estos mismos meses hasta a los hombres de Harrelson a sitiar a los chavales que treparon la valla de un colegio para darle al balón, ha permitido que algún mando se quede con las pulseras/invitación para el Azkena Rock destinadas a los patrulleros, y, en plan guinda, le ha amenazado con darle un guantazo a una edil del PP. Seguro que, si Anitua pone un circo, se le desinflan los paquidermos.
Aunque también debe ser gafe, quizá por aproximación y simpatía, el comisario de la Policía Local de V-G, José Antonio Vicho. Y muy clarividente: para él, la nuestra es una ciudad segura «a cualquier hora y por cualquier sitio». Bueno…, pues en esta ciudad tan segura se produjeron en el 2009 exactamente 6.468 delitos denunciados, aparte de los no perseguidos o callados, y en el primer trimestre de este 2010 un 66% más. A cualquier hora y por cualquier sitio, a un ciudadano de aquí le pueden robar, estadísticamente, hasta seis veces cada día, cuando hace tres años eran la mitad.
En la instalación de Aguirrelanda, en la que usa despacho el concejal Bully -no dos poltronas sino una, como él quiso explicarme con notable amabilidad-, andan ya casi todos a guantazo limpio. Aparte del adjudicado a la edil de la oposición, y en lugar de entregarse a facilitarnos la vida a sus contribuyentes, los nuevos guardias de la porra se están dedicando a zumbarles a los jefes, a lagrimear sobre los sueldos, a amenazar con hacer la vista gorda ante las infracciones, a dejar caer los brazos e incluso a escayolárselos para salir en la foto.
Este es un Cuerpo degradado, al que el alcalde Lazcoz está dejando morir porque no le exige. Pero, cuando presume de ciudad sostenible y todo eso, al municipio se le llena la boca con lo de que «la Policía Local de Vitoria-Gasteiz tiene como misión garantizar el ejercicio de los derechos y libertades de los/as ciudadanos/as y pretende, mediante la prevención y el auxilio, contribuir a mejorar la calidad de vida y el bienestar general de los/as ciudadanos/as». ¡Ja! Debió redactarlo el reconocido cuentacuentos Anitua Aldekoa.
Pero es que no, porque, al contrario, esta Policía Local se dedica a chulearnos desde sus neumáticos, a cascarle 92 euros al chaval del monopatín, a impedirle al ciudadano respetuoso cargar su maletero cuando no estorba ni al hombre invisible (…y cuando ellos, para obsequiarle con los 200 de sanción, aparcan en doble fila y montan el cristo viario), o a dejarle al contribuyente Equis el recuerdo imborrable de un agentito, el 4.042, cuya prepotencia, engreimiento, abuso del uniforme, distanciamiento, chulería, incultura (hasta el punto de confundir una calle con otra), ineducación, inflexibilidad e inconsciencia a propósito de quiénes le pagamos el sueldo, se le quedaron marcados para los restos. No queda espacio, y habrá que regresar porque lo del espécimen 4.042, ese vivo ejemplo de lo que a un muchachito puede obnubilarle la placa, merece ser detallado, y lo mismo con el caso del concejal-delegado que parece no llegar ni a su puesto ni a su sueldo.
Lo que está claro es que, con esa miseria de tres mesitos de presunta formación en la Academia de la Ertzaintza, careceremos de guardias bien preparados, que en la empresa privada no superarían ni la prueba de su jornada de estreno. Y que los ciudadanos no nos merecemos el Aguirrelanda de los guantazos a docenas, en el que el pequeño 4.042 debería ser cesado por Vicho, éste por Bully, éste por Lazcoz y éste por la infeliz ciudadanía de Vitoria-Gasteiz.