Los talibanes que organizaron el tiroteó mortal en la base española de Qala-i-Naw de Afganistán buscaban provocar el caos entre las tropas. El infiltrado que mató el miércoles a quemarropa a dos guardias civiles y su traductor formaría parte de una operación de los insurgentes de mayor alcance para colocar a los militares desplegados en una situación límite ante la población civil. De hecho, más de 200 personas azuzadas por los radicales se concentraron frente al acuartelamiento tras el atentado, en un intento por desatar un enfrentamiento directo con el Ejército español.
Los manifestantes llegaron a apedrear las instalaciones, derribaron puertas e, incluso, lanzaron granadas, según algunas fuentes. Al parecer, la turba pretendía hacerse con el cuerpo del autor de los disparos, abatido por los compañeros de los agentes asesinados en una rápida reacción que evitó más muertos.
El presunto terrorista, identificado como Ghulam Sakhi, era un infiltrado de los talibanes que se hacía pasar por conductor de los policías locales desde hacía dos meses. Logró entrar con un arma a la base española porque el chófer del jefe de la Policía Nacional afgana también tenía permiso para hacerlo. El supuesto asesino aparcó su vehículo dentro de la base y se dirigió armado con un fusil 'kalashnikov' al patio donde los guardias instruían a los aspirantes.
En el momento de los hechos se ejercitaban 7 de los 18 militares destinados en Qala-i-Naw. A bocajarro, mató al capitán José María Galera, natural de Albacete y de 33 años, al alférez Leoncio Bravo, coruñés de la misma edad, y al intérprete iraní nacionalizado español Ataolah Taefik Alili, de 55 años.
Tras el atentado se desataron las especulaciones sobre el móvil del tiroteo. Dos hipótesis parecen haber quedado ya descartadas. Una, que el incidente ocurrió tras una discusión entre los guardias y el agresor por la negativa de éste a entregar el fusil antes de acceder al acuartelamiento. La otra teoría, apuntada en un primer momento por el ministro Rubalcaba, sostenía que el asesino llevaba cinco meses trabajando codo con codo con quienes luego fueron sus víctimas. También ha sido desechada.
La hipótesis que cobra más fuerza apunta directamente a una operación de acoso montada por los talibanes, quienes habrían organizado el tiroteo y los disturbios posteriores. Con el ánimo de avivar el fuego de la confrontación en Afganistán, los radicales llegaron a culpar a las tropas españolas de acabar con la vida de dos civiles en las movilizaciones militares montadas para dispersar a la multitud hostil que protestaba frente a la base por la muerte del terrorista.
Un equipo de expertos de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN se desplazó ayer desde Kabul a Qala-i-Naw para unirse a los agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y a la Policía afgana en las investigaciones sobre el atentado. Según explicaron mandos de la Guardia Civil, las primeras pesquisas se centran en reconstruir los pasos en estos últimos meses de Ghulam Sakhi, el conductor del jefe local de la policía y presunto autor de los disparos. El objetivo es saber si, además de los talibanes, la mano de células de Al-Qaida con base en Pakistán están detrás del ataque.
Acción premeditada
Una hipótesis que, según responsables de la investigación, ha tomado fuerza después de ver la magnitud de los desórdenes públicos «perfectamente orquestados» que siguieron en las calles de Qala-i-Naw poco después del mortal atentado, cuando esa región había permanecido relativamente al margen de los desórdenes registrados en los últimos años. Entre los expertos no hay duda alguna de que el ataque del terrorista infiltrado fue una «acción premeditada» y, en principio, dan por buenos los dos comunicados difundidos por los talibanes, que horas después del triple homicidio reivindicaron como suyo el atentado.
También creen que, como afirmaba uno de los comunicados colgados en un 'reputado' portal yihadista, Ghulam Sakhi habría sido reclutado por los insurgentes hace unos dos meses para aprovechar sus facilidades de acceso a la base.
El primer nombre que ha aparecido en las investigaciones es el de uno de los líderes talibán en Badghis, Mohamad Yusuf, quien desde el primer momento asumió como propio el atentado. Pero no es, ni mucho menos, el único. Sólo en la provincia hay cerca de 1.500 talibanes armados bajo las órdenes de seis imanes diferentes, de acuerdo con los cálculos de la Guardia Civil y del gobernador, Dilbar Jan Arman, uno de los principales defensores de la tesis de que radicales pakistaníes cercanos a Al-Qaida están detrás de los asesinatos y los graves disturbios.