El cosmos de la condición artística estableció ayer una fusión sensitiva con la naturaleza riojana más rural. Y lo hizo, como cada año, en los aledaños del municipio Santa Lucía de Ocón, que por octava edición consecutiva, inauguraba la exposición 'Arte en la Tierra', una iniciativa que comenzara en 2003 de la mano del artista canario de adopción riojana Félix Reyes. El pionero de esta actividad continúa aconsejando a los participantes de una propuesta que cada verano alcanza el privilegio de galería al aire libre cuya visita parece obligada para los adoradores del universo artístico.
En la cita de esta octava edición han sido cinco los artistas que, con la colaboración de los oriundos del municipio, participaron en el 'land art' e interaccionaron con la naturaleza de la villa de Ocón, proponiendo esta vez unas obras más íntimas y personales que en ediciones anteriores, donde la magnificencia era protagonista. El espectador también desempeña un cometido significativo por lo que las obras invitan a una reflexión personal donde cada uno puede extraer deducciones subjetivas.
El marco se descubre como el lugar ideal para la tradicional simbiosis de un arte que nace, cohabita y muere en la natura, y cuyo carácter efímero desafía la condición de perdurabilidad que toda obra lleva implícita. Y es que estas creaciones, como los elementos de la naturaleza, brotan para después desaparecer. Esto es 'Arte en la Tierra'.
Bodo Rau
El plañido de los árboles
Cuando uno se acerca a Santa Lucía de Ocón, la ermita del Carmen hace las veces de anfitriona y anuncia la cercanía del pueblo. El lugar es silencioso y el aire parece portar el aroma de los lugares santos. Una pequeña arboleda rodea el templo cristiano. En ella, Bodo Rau, un artista de origen alemán, afincado desde hace 20 años en Salamanca, se afana en ultimar los pocos detalles de su instalación. A simple vista es complicado descubrir que sobre las ramificaciones de cada árbol descansa lo que parecen serpientes. No obstante, la observación detallada permite eludir el error. «Son tubos de aluminio, poliéster y pigmentos» que asemejan la reptil silueta, explica el artista con un deje foráneo. Con ello, Rau pretende «revisar el concepto de la visión estática del visitante, porque muchas veces ven el árbol, pero no lo que hay en él». La muestra de este alemán, cuyo título es una declaración de intenciones, 'Simbiosis', va más allá. Pretendiendo lograr un diálogo con la naturaleza, en las cortezas de varios árboles descansan fotografías de esos mismos troncos. Pero en las instantáneas la sabia que se desliza hacia el suelo se transforma (gracias al photoshop) en dolorosa sangre. «Los árboles están sangrando porque la naturaleza es vulnerable ante el ser humano», explica Rau. «Qué mejor lugar para hacerlo que a los pies de una ermita».
María Ortega Estepa
Refinados anillos coloristas
Una valla de traviesas limita el espacio en el que trabaja Bodo Rau. Al otro lado, María Ortega descansa frente a su obra ya concluida. Esta artista española también tiene un acento ajeno al de la tierra del vino. Es de Córdoba. La sureña propone una instalación con esculturas a partir de troncos de árboles. Los once leños, cuyo interior hueco está relleno de láminas de serpentina, se dispersan a los pies de la chopera cercana al templo. Y lo hacen imitando los anillos de los troncos, pero con tonalidades excitantes que sugieren la vitalidad de la artista. Ortega pretende transmitir su jovialidad, y lo consigue. Explica que en 'Paisajes de mil vidas', «los anillos son el álbum de fotografías del árbol, porque captan todo lo que sucede a su alrededor». Aclara que escogió la serpentina como material principal no sólo por su moldeabilidad, sino porque «al ser de papel sugiere el regreso al origen; de nuevo está dentro del árbol, de donde salió».
Manuel Pérez de Arrilucea
Un espacio con tinte surrealista
El aroma del barniz y la pintura, capaz de seducir a los olfatos más agudos, se desplaza por entre la chopera impulsado por los soplos de aire. Y es que a escasos metros de María, Manuel Pérez de Arrilucea, brocha en mano, da las últimas pinceladas a un vetusto armario. No es un carpintero, es otro de los artistas que participan en 'Arte en la Tierra'.
Arropado por los gigantescos chopos, en el centro de un pequeño claro descansa el ropero de la abuela de Manuel. La irregularidad del terreno obligó al vitoriano a calzarlo con piedras. Al abrir sus puertas, como las malas hierbas, se ve que un pequeño chopo descansa en su interior. En realidad nacía de él. Explica Pérez que la obra pretende que «un objeto íntimo regrese a su medio natural». Pero esta obra de tinte surrealista contiene connotaciones dicotómicas: «la intimidad del objeto que abre su alma para dejar observar la naturaleza en estado puro». 'El árbol en el armario', en la soledad de la arboleda, recuerda los brumosos y misteriosos paisajes de las obras del romanticismo.
François Mechain
Un punto de vista transgresor
En lo alto de una colina cercana al municipio riojano descansa una bola del mundo de un metro de diámetro. Sin embargo, no se advierte en ella la división territorial que acostumbramos a ver en un mapa ordinario. No. Está hecha de alambre de espino «porque el mundo es un sitio peligroso», explica François Mechain con su exótico acento francés. Este artista de porte bonachón y mirada bohemia comenta mientras pone la chapa con el nombre de la obra ( '¿Qué tal? Homenaje a Goya'), que el lugar es perfecto para «un proyecto que llevaba tiempo en mi cabeza». Y es que el desgarrador planeta de acero, que apenas rota sobre sí, otea la inmensidad de del valle de Ocón. La soledad del lugar acentúa su dolor.
Eduardo Alvarado
El pintor más afortunado
Entre los artistas que han participado, durante las ocho ediciones, en la exposición 'Arte en la Tierra', quizá no ha habido uno tan privilegiado como el pintor Eduardo Alvarado. Así, al menos, se siente él mismo. No es para menos, porque es la primera vez que se realiza una exposición de pintura en la muestra de Santa Lucía. Pero además, tiene la concesión del pionero y fundador de la iniciativa, Félix Reyes, para colgar los cuadros en su casa.
Once pinturas con los pigmentos de la tierra que pretenden «revisar el género pictórico del paisaje, y acercar la reflexión». Las obras mantienen las connotaciones y materiales tradicionales y sugieren un cierto aspecto antropológico que combina lo humano con lo natural.
En estas ventanas a la naturaleza las piedras tienen un espacio protagonista: «fue un vecino el que cerró el bucle de mi reflexión» mientras buscaba qué reflejar en sus cuadros, explica Eduardo. «Me dijo que esta es una tierra de piedras. Miré al suelo, y era cierto». Es evidente por tanto, al observar las pinturas de Alvarado, donde los monolitos simbólicos siembre tienen un hueco, que Santa Lucía de Ocón y sus habitantes están volcados con el proyecto que hace ocho años inició Félix Reyes. Y es que la mera observación de un paisano derivó en una muestra pictórica.
Al fin y al cabo ésa es la idiosincrasia de 'Arte en la Tierra': conectar la creación original con los cimientos de la naturaleza.