El árbol estaba en la parte israelí. La Fuerza Interina de Naciones Unidas (Finul) desplegada en el sur de Líbano corroboró ayer la versión judía del tiroteo fronterizo en el que el martes murieron tres militares libaneses, uno hebreo y un periodista de un diario beirutí. En una nota, su portavoz, el teniente coronel Naresh Bhatt, aseguraba que «la vegetación podada por el Ejército judío está localizada en el sur de la 'línea azul', en territorio israelí». No obstante, reconocía que se trataba de un área en la que el Gobierno libanés «había tenido sus reservas» sobre el emplazamiento de la línea fronteriza establecida por la ONU tras la retirada de las tropas de Tel Aviv en 2000.
El martes, tanto Líbano como Israel se acusaron de iniciar el tiroteo desatado cuando soldados hebreos intentaron cortar un árbol que las tropas libanesas consideraban de su territorio. Constituyó el enfrentamiento más grave registrado en la zona desde la guerra del verano de 2006 y volvió a poner de manifiesto la volatilidad de una línea divisoria donde una simple poda de un ciprés puede convertirse en la chispa que avive el fuego bélico.
Compromiso bilateral
El comandante jefe de la Finul, el general español Alberto Asarta Cuevas, convocó ayer a representantes de los ejércitos de Tel Aviv y Beirut a una reunión en la localidad libanesa de Nakura para analizar el incidente.
En el encuentro trilateral se intentó buscar pautas de actuación para evitar nuevos choques de este tipo y se logró un compromiso entre los ejércitos de Israel y Líbano para respetar el cese de hostilidades.En el enfrentamiento del pasado martes no estuvo implicado en esta ocasión Hezbolá, pero su líder, Hassan Nasrala, aseguró en un discurso televisado en la noche del día del tiroteo que ponía sus armas y hombres al servicio del Ejército libanés y que sus milicias intervendrían en caso de un nuevo conflicto.
El ministro de Defensa hebreo, Ehud Barak, estaba convencido ayer de que el Partido de Dios no tuvo nada que ver con el incidente y descartó también que pudiera tratarse de un enfrentamiento planificado, según recogió la prensa local. Según Barak, la respuesta judía fue «moderada, justa e inmediata».
Mientras tanto, ambas partes intentaron volver ayer a la normalidad y relajar la tensión en la frontera, aunque los líderes de ambos lados mantuvieron discursos de alta temperatura. El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, convocó una reunión de su Gabinete de Defensa después de asegurar que el incidente de la frontera fue una «violenta provocación» libanesa.
Más tarde, en una intervención televisada, el jefe del Ejecutivo conservador hebreo amenazó con actuar de forma más dura en hipotéticos nuevos incidentes. «Nuestra política está clara. Israel responde y seguirá respondiendo con fuerza a cualquier ataque contra sus ciudadanos y soldados».
El Gobierno de Beirut, por su parte, aseguraba horas antes de que concluyera anoche la reunión de los representantes de ambos ejércitos con la FINUL que esperaba que este encuentro pusiera fin a la crisis, pero aprovechó para denunciar de nuevo a Israel por «no respetar la soberanía» de su país. «Ni los militares ni los civiles», añadió el ministro de Información, Tarek Mitri.
Por su parte, las tropas judías terminaron ayer de cortar la vegetación de la discordia.