El pueblo gitano ha sido durante más de mil años una parte integrante de la civilización europea. En España, la población gitana se estima alrededor de las 700.000 personas, lo que supone, aproximadamente, el 1,6% de la población. Esto supone que España es el segundo Estado de la Unión en donde viven mayor número de ciudadanos gitanos.
En Europa, la comunidad 'roma' representa la minoría transnacional europea más numerosa, ya que son alrededor de doce millones de ciudadanos, con presencia en los veintisiete estados miembros de la Unión Europea. En la Rioja se calcula que viven unos 9.000 gitanos. Pero, sean del país que sean, hay una constante que los equipara: la existencia de una desigualdad manifiesta de este colectivo en las condiciones de salud y el acceso a los recursos sanitarios.
Durante la segunda Cumbre Mundial del Pueblo Gitano, celebrada en Córdoba el pasado mes de abril, se presentaron los estudios realizados en siete países de la Unión y los datos eran concluyentes: la esperanza de vida en la comunidad gitana es mucho menor.
El porcentaje de individuos con 75 años o más de la población gitana es del 25,7%, mientras que el del resto de la población general para el conjunto de la UE es del 51%, siendo Grecia el país con un porcentaje menor entre la población gitana (sólo el 16% de su población gitana tiene 75 o más años).
Y en La Rioja la situación no es muy diferente. Manuel Olivares Cobo, coordinador del programa 'Mediadores en salud de la etnia gitana', que adelanta el Seris y cuyo objetivo es disminuir las desigualdades en salud entre los diferentes grupos de la población, asegura que la esperanza de vida del gitano riojano se ubica en diez años menos que la del resto de la población general.
Las razones de esta desigualdad son muy variadas. En una ponencia presentada en las recientes Jornadas de Salud en la Comunidad Gitana de La Rioja se destaca que «un porcentaje alto considera la salud como ausencia de enfermedad, y la enfermedad como una situación invalidante ligada a la muerte. No valoran la actuación preventiva y la actividad médica o sanitaria debe ser inmediata y resolutiva». Además, buena parte de la población romaní no considera la salud como algo prioritario y dan mayor importancia a la adquisición de una vivienda, la situación económica y el empleo.
Abuso de los medicamentos
Cuando se les diagnostica una enfermedad, presentan una actitud ambivalente: por un lado quieren evitarla y, por el otro, darle una solución lo antes posible. En muchos casos, esto los lleva a abandonar las pautas terapéuticas en enfermedades crónicas, una vez que han superado el brote agudo. A esto hay que sumarle una serie de malos hábitos como el abuso de medicamentos, una deficiente o insana nutrición y un mayor número de accidentes o lesiones involuntarias en el hogar familiar.
Hay un abuso de los Servicios de Urgencias Hospitalarios -el 30% refiere haberlo usado en los últimos 30 días-, pero hay un escaso uso de los programas preventivos, por lo que es necesario sensibilizar a los gitanos sobre la necesidad de realizarse revisiones periódicas: vacunaciones, visitas pediátricas, ginecológicas, obstétricas, entre otras.
«Todas estas características y hábitos de la comunidad gitana se manifiestan claramente en su salud: el 30% padece alguna enfermedad, destacando las enfermedades respiratorias. En los hombres prevalecen las dolencias cardíacas y el asma, mientras que en las mujeres la artrosis y la depresión».