Fábricas, talleres, construcción, comercio, educación... y cultura. Esta última también es una fuente de riqueza y como tal debemos trabajar en ella. «No nos damos cuenta de que quizá la industria más importante y la que no se deslocaliza es la industria del patrimonio. Recuperarlo y mantenerlo posiblemente sea de los negocios más rentables a futuro».
Al menos desde la perspectiva que la experiencia le da a Juan Ignacio Lasagabaster, arquitecto y director de la Fundación Catedral Santamaría de Vitoria, que ayer, en el curso de verano de la UBU que se celebra en la Casa de Cultura, insistió en la necesidad de no olvidar que nuestro patrimonio forma parte de lo que somos y de cómo es el lugar en el que vivimos.
Miranda, al igual que ocurre con la capital alavesa, es «una ciudad formada en muy poco tiempo, con muy pocos años y que necesita de referencias de lugar y de tiempo y, para ello, «qué mejor que poder participar en la restauración de un monumento que ha hecho historia».
En ese enfoque está, en su opinión, el éxito del proceso de restauración del templo vitoriano. «Es un orgullo haber logrado un consenso tan grande en su recuperación».
Abierto y participativo
Un punto de encuentro social al que no tiene duda de que se ha llegado gracias a una apuesta decidida por hacer de la obra «un proceso abierto y participativo, muy vinculado a la sociedad» y perfectamente extrapolable a otros monumentos necesitados de un proceso largo y lento de conservación.
Un ejemplo claro, en su opinión, el castillo de La Picota, «un lugar para ser descubierto por los mirandeses y por gente de otros muchos lugares», al igual que un buen número de iglesias de localidades del entorno que, hoy por hoy, no se sabe muy bien como mantener. «Si se estableciesen programas de seguimiento e intervención participativos estos se visualizarían como necesarios y las administraciones públicas encontrarían la manera de financiar las intervenciones», explicó.
Y es que no siempre resulta fácil convencer -al menos en España- a los que tienen dinero de que la restauración es un buen sector en el que invertir, incluso en ciudades de carácter industrial. «Todavía nos cuesta hacerlo entender pese a que contamos con una leyes de mecenazgo que son interesantísimas para las empresas».
Algo que las grandes firmas si que han sabido ver en otros sectores o actividades deportivas, como el fútbol o la Fórmula-1 y no en el patrimonio. La rentabilidad también se da en el arte. «Si se pone de moda la conservación del patrimonio, como creo que se está poniendo ya, el mundo empresarial irá detrás porque las herramientas para implicarse ya están» y se pueden aprovechar. Incluso en época de crisis, su último mecenas lo recibieron hace unas semanas.
Cuando la idea y el proyecto son buenos es más fácil conseguir apoyos. Tiene que haber un trabajo previo. Lo primero que hay que hacer es estudiar el edificio a rehabilitar, para saber cuáles son sus límites, su realidad para que siga siendo monumento histórico sin que los nuevos usos lo dañen y supongan su fin. «El mundo está lleno de edificios que no se adaptan», zanjó.