Desoyendo las amenazas nucleares de Corea del Norte, Estados Unidos y Corea del Sur iniciaron ayer unas masivas maniobras militares conjuntas que previsiblemente dispararán aún más la tensión en el Lejano Oriente. Hasta el miércoles, estos auténticos juegos de guerra tendrán lugar entre el mar de Japón, en la costa este de la península coreana, y las aguas internacionales del mar Amarillo, situadas al oeste y cerca de China.
Encabezada por el portaaviones 'USS George Washington', una flota compuesta por veinte barcos y submarinos, doscientos cazas de combate y ocho mil marineros zarpó ayer del puerto surcoreano de Busan para dar comienzo al primer día de estos polémicos ejercicios navales, cuyo nombre en clave es 'Espíritu Invencible'. Y es que Corea del Norte ha amenazado con usar su arsenal atómico contra dicho despliegue, que considera una «provocación» y el ensayo de «una futura invasión».
Cierto o no, se trata de un espectacular alarde bélico, ya que el 'USS George Washington' es una de las mayores embarcaciones de la Armada estadounidense. Procedente de Japón, consta de una tripulación de cinco mil hombres y lleva a bordo setenta cazas, entre los que destacan reactores F-22 Raptor que serán probados por primera vez y, en teoría, pueden eludir los radares y las defensas antiaéreas de Pyongyang.
«Corea del Norte puede considerar esto como una provocación, pero yo diría que es todo lo contrario», explicó a las agencias internacionales a bordo del portaaviones el comandante de la unidad aérea, el capitán Ross Myers, quien insistió en que se trataba de un desafío «a quienes no quieren la paz ni la estabilidad, que deben saber que una de las principales fuerzas de Corea del Sur es su alianza con EE UU».
Pero las maniobras, que persiguen intimidar al régimen comunista tienen un límite. Y no es precisamente Kim Jong-Il. Escoltado por tres destructores el 'Washington' no se adentrará en el mar Amarillo para evitar suspicacias con el Gobierno chino, que ya ha expresado su «inquietud» por estos ejercicios navales y ha pedido «contención» a la Casa Blanca.
El único aliado
Pekín, único aliado de peso que le ha quedado a Corea del Norte tras el desmembramiento de la Unión Soviética, sigue actuando como salvavidas del último régimen estalinista del mundo, totalmente aislado del exterior. Utilizándolo a modo de colchón estratégico frente a Corea del Sur, donde aún permanecen 28.500 soldados norteamericanos, China no sólo no dejará caer a Kim Jong-Il, sino que supone una válvula de escape para burlar las nuevas sanciones económicas y el bloqueo de su escaso comercio internacional que anunció la semana pasada la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
Con estas maniobras, las primeras de las diez que se repetirán en los próximos meses, Washington y Seúl quieren enviarle un mensaje muy claro a Pyongyang: ni una más tras el hundimiento en marzo de la corbeta 'Cheonan' que según una comisión de expertos de cinco países fue torpedeada por el Norte. Para que no vuelvan a repetirse incidentes como éste la Casa Blanca y la Casa Azul (sede de la Presidencia surcoreana) están luciendo músculo militar frente a las fanfarronadas atómicas de Kim Jong-Il.
A través de la agencia estatal de noticias KCNA, la poderosa Comisión Nacional de Defensa norcoreana, que dirige el Querido Líder, no ha dudado en declarar una «guerra santa contra EE UU y las marionetas del Sur» y hasta ha amenazado con recurrir a su arsenal nuclear. Pero, de momento, sus arengas se han quedado en bravuconadas a la espera de cómo se desarrollen las maniobras durante estos días.