Con la llegada del calor estival son muchos los que aprovechan los ríos, pantanos y playas para darse un refrescante chapuzón. Un acto saludable y natural, que sin embargo puede conllevar un riesgo mayor del que se supone. Los expertos alertan de que los bañistas cada vez tienen menos conciencia del peligro, se exponen a más riesgos y los sustos se multiplican, así como las tragedias.
Esta semana doce personas han perdido la vida ahogadas en playas y ríos de diferentes puntos de España. Entre ellos, un vecino de Bilbao al que tragó el Duero en el pueblo donde veraneaba, en la provincia de Valladolid, cuando trataba de rescatar a su perro, que había caído al agua. La última víctima que el mar se cobró fue un niño de 5 años, que se ahogó el jueves en la playa de Torrox, en Málaga, y ayer mismo se localizó a otro menor muerto en un embalse de Mazagón, enHuelva. Con estos casos se confirma la presente como la semana más negra de los últimos años en lo que a ahogamientos se refiere.
«El bañista no calcula bien las distancias que puede recorrer a nado», explica Iñaki del Río, jefe de socorristas del embalse de Ullíbarri-Gamboa, en Álava, donde existe una zona recreativa con el baño permitido, Garaio, que es muy popular entre los vitorianos y guipuzcoanos del Alto Deba. «En una zona donde el fondo está a tres o cuatro metros hay que estar muy convencido de la propia capacidad para aventurarse a cruzar», recomienda. Este veterano 'salvavidas' aconseja ser muy cautos durante el baño, en especial con las corrientes, que «pueden arrastrar a cualquiera hacia el fondo». También con la fuerza del viento, pues «dificulta mucho la movilidad en el agua». Según relata, los usuarios cada vez se exponen a mayores riesgos, como salirse de la zona acotada «buscando mayor intimidad», o pegarse un remojón con alguna copa de más, sobre todo después de comer en cuadrilla en la zona verde de Garaio.
Del Río asegura que los vigilantes «no pueden obligar a nadie a salir del pantano», y lo máximo que pueden hacer es advertir del riesgo y rescatar a los bañistas cuando sucede el percance. Pero si los usuarios se alejan de las zonas de baño, es imposible llegar a tiempo para salvarles. «Echarse al agua en una zona no vigilada por los profesionales es una locura».
La playa, más segura
Similares advertencias ofrece Koldo Larrazabal, responsable de Cruz Roja en las playas vizcaínas, pero también añade otras: «Hay que salir del agua si se siente alguna molestia física, alejarse de las zonas rocosas y mantener la vista puesta en la orilla». Las playas registran una tendencia a la baja en el número de incidentes, que se explican por la estrecha vigilancia que llevan a cabo los socorristas. Al contrario que los ríos y pantanos, que pueden tener multitud de puntos de acceso, las playas vascas están cubiertas en su totalidad por la supervisión de Cruz Roja. Las principales imprudencias que se cometen son obviar las banderas y el estado del mar, y nadar en lugares donde no se debe. «En el agua», explica Larrazabal, «lo más importante es hacer caso a las advertencias. Con eso ya evitaríamos la mayor parte de los problemas».