El centro de inserción de menores de Sansoheta, el mismo que se derribó hace dos años por las obras del TAV, abrió ayer de nuevo sus puertas. Eso sí, esta vez se trata de un edificio provisto de 24 habitaciones individuales, el doble que las que se ofertaban antes de la demolición, donde jóvenes de entre 13 y 18 años en estado de desprotección «grave» tratan de integrarse en la sociedad.
Al menos, éste es el objetivo que se han marcado desde la Diputación. «El ser humano en su niñez y la adolescencia es todo un potencial a desarrollar, un patrimonio de valor incalculable, pero al mismo tiempo también muy vulnerable. Por eso, creo que debemos tener una luz de alerta especialmente encendida para aquellas personas o grupos en peligro de padecer cualquier tipo de marginación o exclusión que les impida alcanzar unas condiciones dignas de vida», apuntó Xabier Agirre, diputado general de Álava.
El edificio diseñado es un espacio diáfano de estilo minimalista en el que la luz natural impregna cada una de las partes en las que está dividido. Su coste ha sido de 1,6 millones de euros. Así, a través de un pasillo acristalado se accede a cada uno de los módulos en los que se divide el centro, como la sala de psicólogos, cocina o las habitaciones.
Vocación de hogar
El principal reto de este edificio es aportar el equilibrio necesario para que los menores residentes interioricen que es su hogar. Para eso, cuenta con huerto, espacios deportivos y hasta barbacoa. No obstante, está construido con materiales de seguridad, como cristales blindados y sensores en las puertas. «Con este nuevo equipamiento social mejoramos la red foral de centros destinados a velar por los menores, no sólo por incrementar el número de plazas, sino también por la calidad de esta infraestructura pensada para ser un hogar», insistió Covadonga Solaguren, diputada de Política Social.
De momento, los futuros residentes se encuentran en el palacio del Marqués de Foronda, lugar donde se hospedan desde que comenzó el derribo del antiguo edificio en Arzubiaga -al lado del actual-. Su traslado definitivo está a la espera de que Iberdrola instale un transformador de más potencia. «En cuanto se pueda arreglar, se vendrán para aquí con todo el mobiliario», señaló a EL CORREO Solaguren.