Desde que llegó al cargo, vive pegado a una calculadora que tiene la tecla de restar desgastada de tanto presionarla. C asi todo lo que ha sucedido desde que accedió al puesto, hace poco más de un año, ha sido negativo. Y lo que ha tenido signo positivo es ligero, leve, casi imperceptible. Carlos Aguirre, el consejero de Economía y Hacienda, apenas ha terminado de podar el presupuesto de gastos de este año -recorte de salarios de funcionarios, de altos cargos y tijeretazo a los gastos generales- y ya tiene en sus manos la piedra esmeril con la que afilar la 'guadaña': el próximo ejercicio será también de ajuste.
- Desde hace mucho, mucho tiempo, cada vez que usted o el lehendakari comparecen en público para hablar de economía transmiten la misma idea: «Lo peor ya ha pasado». Y, sin embargo, cada día que pasa parece que lo peor está aún por llegar.
- Desde finales del pasado año ha comenzado a haber signos positivos en la economía vasca. Llevamos dos trimestres seguidos con crecimiento. Pequeño, pero crecimiento. Sin embargo, sí es cierto que se ha producido una transformación. Comenzamos con una crisis financiera, luego una crisis económica generalizada y ahora estamos ante una crisis fiscal. Todos estamos modificando nuestras previsiones cada poco tiempo.
- El recorte en el gasto público, ¿cómo va a afectar a las previsiones de crecimiento que había hecho el Gobierno vasco?
- Creo que este año nada. Estimamos que se va a cumplir la previsión de crecer el 0,5%. Sin embargo, para 2011 tendrá un efecto negativo, aunque muy ligero. Perderemos una décima de crecimiento por esta causa. Pero ese ajuste sobre el gasto público, aunque tenga un efecto negativo a corto plazo, será beneficioso a medio y largo.
- Acaban de hacer una emisión de deuda por un importe de 1.100 millones de euros. Después del susto de marzo, cuando usted reconoció que «no había un euro en la caja», ¿ha llegado ya al punto de tranquilidad?
- Sí, por completo. En esta materia estamos completamente tranquilos para lo que resta de año. Incluso la respuesta del mercado financiero ha sido buena. Hemos conseguido colocar dos créditos en Alemania y después de cerrar la emisión seguimos recibiendo ofertas. Continuamos manteniendo una magnífica calificación para nuestra deuda.
Más ajustes
- Sin embargo, uno de los elementos que condicionan esa nota que otorgan las agencias de calificación es el porcentaje de deuda emitida sobre PIB. Ya que con las últimas emisiones ese ratio ha empeorado, ¿esperan una revisión a la baja de la calificación del Gobierno vasco?
- Eso que dice es cierto pero... habrá que verlo. De todas formas, seguimos teniendo un endeudamiento realmente bajo y hemos tomado medidas para reconducir el déficit.
- El año 2009 fue un auténtico desastre presupuestario. Es verdad que las cuentas no las elaboraron ustedes y que fallaron de forma estrepitosa a la hora de predecir los ingresos, pero, ¿se arrepiente de no haber puesto el freno a los gastos nada más llegar al Gobierno?
- Lo pusimos, lo pusimos. Pero también hay que recordar que en aquellos momentos toda Europa estaba metida en la aplicación de medidas de impulso económico para minimizar los efectos de la crisis.
- Seguro que a estas alturas del curso usted ya tiene el perfil del Presupuesto para 2011. Si el déficit de este año ha rozado los 2.000 millones de euros, ¿qué cifra se ha puesto como objetivo para el próximo ejercicio?
- Exactamente la mitad. Habrá ahorro positivo o, dicho de otra manera, no habrá endeudamiento para gasto corriente, como ha sucedido este año, sino únicamente para financiar inversiones.
- La Administración Sociedad Anónima, no me refiero a la vasca, sino a todas, tienen una forma de actuar muy peculiar. Es la única empresa que cuando tiene un problema de ingresos opta por subir el precio de sus servicios: sube los impuestos. ¿No cree que le queda mucho camino por recorrer antes en el ajuste interno?
- Ese ajuste se está haciendo. Al margen de la rebaja en el salario de los funcionarios que se acaba de aplicar, nos esforzamos por ajustar el gasto. Ahora bien, somos una Administración de servicios. El 80% de nuestro gasto es sanidad, educación, policía... Temas en los que es muy difícil meter la tijera y que tienen una inercia de gasto tremenda. Pero, de verdad, estamos en ello.
- Decía antes que la crisis ha experimentado un proceso de transformación, desde aquellos primeros mensajes de alarma que llegaron procedentes de Estados Unidos en el verano de 2007. ¿Está ahora el mundo en manos de los prestamistas? El mercado financiero es el que está imponiendo a los gobiernos la política económica que deben aplicar.
- Parece que eso es así. El mundo financiero se ha convertido en el centro de la actividad. Cada seis días se producen transacciones financieras por valor del PIB mundial de todo un año. Algo impresionante.
Regular el mercado
- Nos quedan entonces tres opciones. Aprender a vivir sin créditos, que el poder público regule el mercado financiero para impedir que sea él quien ejerza el poder real o resignarnos y aceptar la situación. ¿Qué elige?
- ¿Vivir sin crédito? ¿Volver a los años 50? No, esa no. Me quedo con la segunda, con la regulación. Hay que reconocer que nos hemos pasado de frenada a la hora de potenciar el mercado de capitales y que hemos vivido en una situación de 'sobrecrédito' que no se ajustaba a la realidad. Por eso creo que hay que aprender de la experiencia y debe alcanzarse una regulación mundial que evite el descontrol.
- Ya que hablamos del sector financiero, las fusiones de cajas de ahorro están en plena ebullición. ¿Va a asumir el Gobierno vasco un papel activo en este tema o seguirá con la estrategia de ser mero espectador?
- No vamos a presionar y no vamos a forzar a que alguien haga lo que nosotros queramos. Una fusión de las cajas vascas debe darse si son ellas las que quieren dar ese paso. El protagonismo es de sus órganos de gobierno.
- La Caja Vital ha propuesto recientemente una 'fusión fría', la creación de un SIP. Es una fórmula extraordinariamente alambicada y que nació para dar cobertura a las cajas que estaban en mala situación o para sortear los problemas de las fusiones entre cajas de diferentes comunidades. Si no estamos ante uno de estos supuestos, ¿cree que es acertado?
- Mi opinión es que lo mejor es una fusión normal, con todas las consecuencias. Un SIP puede ser un proceso intermedio pero, la verdad, nadie es capaz de garantizar cómo va a funcionar ese modelo. Creo que hay que ir a por todas.
El problema del tamaño
- Esa reclamación cíclica del presidente de la Vital en torno a la fusión, ¿no traslada una imagen de debilidad?
- Mire, la Vital tiene una gestión magnífica, de verdad. Y unos datos fundamentales extraordinarios. No tiene, por tanto, ninguna urgencia derivada de problemas de solvencia. Sin embargo, tiene un problema: su tamaño. Es una caja saneada, pero pequeña, y eso te condiciona. Te obliga a tener unos costes comparativamente más elevados que los de los principales competidores del mercado y te impide progresar. Esa es la razón por la que la Vital insiste en la fusión. Por eso tiene que casarse con alguien, para poder avanzar.
- Decía que hay que ir a por todas. ¿Les animaría a que se pongan manos a la obra?
- Si conceptualmente siempre ha existido la idea de hacerla, yo les diría: 'háganla'. Deberían fusionarse ya.
- Aunque BBK y Kutxa habían defendido que este era el momento de centrarse en gestionar la crisis y olvidarse de fusiones, la caja vizcaína lleva ya tres intentos para absorber otra entidad. ¿No es un contrasentido?
- Mi impresión es que la BBK está tratando de ganar músculo fuera del País Vasco. Quiere mejorar su posición en el mercado español. Puede hacerlo, tiene capacidad para ello y no tengo nada en contra. Está en su derecho y es lógico que lo intente.
- Esa hipótesis de fusión de cajas vascas siempre ha estado sustentada sobre un difícil equilibrio territorial y político. Una BBK más grande, ¿dificultará encontrar ese punto de equilibrio o el acuerdo político?
- Sin duda. Si la BBK tiene éxito en alguna de estas operaciones, el acuerdo de fusión de las tres cajas vascas será más difícil, aunque no imposible. Pero no hay que llegar ni siquiera a eso. Desde que se planteó por primera vez la fusión, la situación ha cambiado de forma sustancial. La BBK ha crecido mucho desde entonces, más que el resto, y eso ya supone quizá un problema en estos momentos. Por eso pienso que la fusión de las cajas vascas hay que hacerla ya, cuanto antes.