La tarde del miércoles y la madrugada del jueves fueron interminables para los vecinos de la cuenca del Butrón. La imagen del río desbordado en numerosos tramos permanecerá imborrable en sus retinas durante mucho tiempo. Ayer tocaba limpieza en la mayoría de las casas, caseríos y empresa afectadas y, aunque todavía no hay una evalución de daños, las pérdidas fueron cuantiosas. «Se te pone la carne de gallina porque enseguida te acuerdas de las inundaciones del 83», reconocía una mujer de la calle Garraketa de Mungia. Precisamente en esa vía, un hombre de avanzada edad y una familia vecina tuvieron que ser desalojados de sus viviendas, situadas en plantas bajas.
La peor parte, sin embargo, se la llevaron barrios rurales como Billela, Belako y Atxuri. La primera planta de tres casas situadas en la zona de Elortza Errota quedó completamente anegada, aunque en este caso sus dueños rechazaron la evacuación y optaron por subir hasta el último piso para ver cómo el temporal arrasaba parte de sus bienes. «A mí me avisó la vecina de abajo de lo que venía. Retiré todo lo que pude y me largué en el coche a la ermita de San Antón», recordaba Javier Uriarte, del caserío 'Matxorris Barrena', en Torroto Bidea.
Su vecina Nieves Sarria también fue precavida, aunque optó por quedarse en casa. «Más apuro se llevan los que están fuera, como mi hija. Pero lo tomamos con tranquilidad y nos dio tiempo a retirar de la planta baja los enseres, las alubias, el pienso... Por un momento dimos por perdidas nuestras tres cabras, pero al rato aparecieron vivas», manifestó la propietaria del baserri 'Mantxobarrena'. José Ramón Castrejana prefirió poner pies en polvorosa en cuanto vio que las aguas del río estaban a punto de desbordarse. «Solté al perro y pensé: ¡sálvese quién pueda!», relataba, mientras se afanaba en limpiar el barro del interior de su casa en donde el agua alcanzó el metro de altura.
Rescate en tabla de surf
A Mari Belasko, del caserío 'Torroto', los efectivos de la Cruz Roja le invitaron a abandonar su propiedad cuando la crecida del Butrón estaba a punto de alcanzarle. Sin embargo, no consiguieron convencerla. «Ahora me río, porque como se acercaron hasta la puerta en tablas de surf, pensé que yo también tenía que subir a una de ellas para escapar de allí. El agua me da mucho respeto y preferí quedarme porque me sentía más segura dentro de mi casa. Lo único que hice fue llorar porque se nos han ahogado nueve ovejas», subrayó. Y se suman los daños en la huerta. «He perdido todo lo plantado tanto fuera como en el invernadero», aseguró desolada.
Tras lo acontecido el miércoles, el alcalde de Maruri-Jatabe, Joseba Alzaga, ha solicitado un estudio de inundabilidad del Butrón para analizar las medidas a adoptar de cara al futuro.